El revisionismo ruso y la igualdad jurídica de los Estados

El revisionismo ruso y la igualdad jurídica de los Estados

En las dinámicas contemporáneas de las relaciones internacionales existen dos grandes grupos de Estados. En primer lugar, están quienes favorecen el orden liberal internacional basado en reglas, aquel establecido en 1945, que promueve el derecho internacional, los derechos humanos y la democracia. Estos Estados están satisfechos con su posición en el sistema internacional, la cual se encuentra resguardada por el principio de igualdad jurídica de los Estados. En segundo lugar, están los Estados revisionistas, aquellos que buscan cambiar el status quo a través del uso de la fuerza militar o mediante políticas de fuerza, y reescribir las reglas del juego para favorecer el expansionismo, el autoritarismo, la opacidad y las imposiciones unilaterales.

Tal y como ha quedado de manifiesto con la guerra de agresión rusa en contra de Ucrania, Rusia está planteando un revisionismo del orden internacional actual. En particular buscan reescribir el concepto contemporáneo de soberanía, aquél que empezó su desarrollo en Westfalia. La soberanía, al día de hoy, supone la igualdad jurídica de todos los Estados, grandes y pequeños, e implica el ejercicio de ciertos derechos y el cumplimiento con determinadas obligaciones. Éste no es el concepto de soberanía que Rusia busca imponer.

Según Thomas Wright, para Putin la soberanía equivale a autonomía, es decir que los Estados, para poder ser soberanos, deben ser capaces de proveerse su propia seguridad y bienestar sin estar “atados” a aliados o “depender” de grandes potencias. Bajo esta premisa, continúa Wright, solo existen un puñado de Estados verdaderamente soberanos para Putin. Además, existen otros Estados que podrían reclamar esa soberanía, siempre y cuando dejasen de depender de sus aliados. Mientras que otros Estados - los pequeños - aunque quisieran, no podrían ser soberanos. En base a esto, se ha desarrollado una especie de jerarquía de Estados soberanos, en esta visión alterna del mundo, en la que el Estado “soberano” puede hacer lo que le plazca con los otros Estados, pues estos adolecen de soberanía.

El actual líder ruso no entiende cómo una nación “soberana” como Rusia debe ser tratada como igual y a la par de países como Estonia, Liechtenstein, Mauricio o, incluso, Panamá. Esto, a su vez, conlleva a que estructuras multilaterales como las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos o la Unión Europea le ofendan, pues dichas organizaciones internacionales tienden a elevar el rol y la influencia de todos sus miembros, incluso de los más pequeños, en diversos asuntos.

Es precisamente sobre los cimientos de la igualdad jurídica de los Estados y del espacio que ganaron los Estados pequeños en el nuevo orden internacional, que un país como Panamá logró la recuperación de su soberanía sobre la totalidad de su territorio y sobre la denominada Zona del Canal, culminándose esa lucha generacional con los Tratados Torrijos-Carter. Estos tratados son un testimonio de los grandes logros a los que puede llegar la comunidad internacional, en general, y los Estados pequeños, en particular, a través de la diplomacia, cuando se reconoce la igualdad jurídica de los Estados y se facilita la solución pacífica de las controversias en el ámbito multilateral.

Quienes frecuentan este espacio de opinión desde hace casi 5 años, conocen mi postura respecto a temas análogos al de Ucrania, la cual siempre ha sido la misma, independientemente de los actores involucrados. Ya fuese en la controversia por el archipiélago de Chagos, la guerra en Yemen o el conflicto Israel-Palestina, siempre he abogado por el respeto al derecho internacional, el reconocimiento de la igualdad jurídica de los Estados y el sometimiento del poder a la razón. Esto se debe a un convencimiento personal y a una obligación de consecuencia histórica, pues fue Panamá quien durante muchos años luchó por el reconocimiento de su igualdad jurídica ante una superpotencia hegemónica mundial. El peligro que representa el revisionismo del orden internacional es real e implica una afronta directa al concepto de soberanía, tan caro a la razón de ser del propio Estado panameño, y constituye una clara negación de la personería jurídica internacional de Panamá. En momentos en los que la postura de Panamá respecto a la guerra de agresión en contra de Ucrania parece ser ambigua, no le vendría mal recordar, a quienes dirigen nuestras relaciones internacionales, la importancia histórica del concepto de la igualdad jurídica de los Estados tanto para Panamá como para el derecho internacional, y que sea éste, un principio que defendamos como pilar fundamental de nuestra política exterior.

El autor es abogado y profesor de Derecho Internacional|


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