“Doctora, ¿y esa vacuna es segura?”. Es una de las preguntas que más escucho cuando le hablo a una embarazada de la vacuna contra el virus sincitial respiratorio (VRS). La entiendo perfectamente porque, cuando estuve embarazada de mis hijos, esta vacuna aún no existía, pero recuerdo bien ese deseo de proteger a un bebé que todavía no conoces y de tener certezas antes de decidir. Y si las respuestas vienen de mamás de aquí mismo, mejor
Hoy puedo responder con algo más que estudios extranjeros. Hace unos días se publicó en una revista científica internacional el primer seguimiento a embarazadas vacunadas contra el VRS en Panamá, realizado por un equipo de investigadores panameños del que formo parte.
Entrevistamos a 200 mujeres vacunadas entre julio y diciembre de 2025, en centros públicos y privados, durante los primeros meses de la vacunación en el país. Les preguntamos cómo se sintieron después de la vacuna, cómo fue el parto y cómo transcurrió el primer mes de vida de sus bebés.
Lo más frecuente fue lo que cualquiera ha sentido con otras vacunas: dolor en el brazo, en casi la mitad de ellas. Le siguieron el dolor muscular y la picazón o el endurecimiento en el lugar de la aplicación. Apenas cinco de las 200 reportaron fiebre. En su gran mayoría, fueron molestias leves que pasaron pronto. Los bebés nacieron, en promedio, a las 39 semanas y con un peso de 3,250 gramos. Lo que vivieron estas mamás se parece a lo observado en el gran ensayo clínico internacional y en estudios con miles de embarazadas en Argentina, Francia y Estados Unidos.
Quizás se pregunte: ¿por qué importan los datos locales si ya existen estudios grandes en otros países? Porque la confianza también se construye cerca. Nuestras mamás, nuestro clima y nuestro sistema de salud son distintos, y la OMS y la OPS recomiendan que cada país vigile sus propias vacunas. No basta con vacunar: al mismo tiempo debemos seguir observando y generando conocimiento propio.
También debo ser honesta sobre lo que este estudio no puede responder. Se realizó con un grupo pequeño, se basó en lo que las mamás recordaban y no contó con un grupo de comparación. No fue diseñado para detectar eventos raros ni para medir cuánto protege la vacuna. Hay temas, como la presión arterial en el embarazo, que otros países siguen estudiando y que en Panamá debemos seguir vigilando. Decirlo no le resta valor al estudio ni a la vacuna; le suma credibilidad.
Este año el VRS nos ha golpeado fuerte. El Ministerio de Salud reporta al menos 19 muertes asociadas al virus; 17 de las personas fallecidas eran niños pequeños, la mayoría bebés de menos de un año. Detrás de cada número hay padres y familias cuya vida cambió para siempre. Aún no sabemos cuántas de esas mamás pudieron vacunarse durante su embarazo; conocer ese dato nos ayudaría a entender dónde están las brechas. No lo menciono para señalar a nadie, sino porque la mejor manera de honrar a esos niños es proteger a los que vienen.
La vacuna para embarazadas está disponible en Panamá desde julio de 2025. Es gratuita en los centros de salud y se aplica al final del embarazo. Permite que la mamá le transfiera anticuerpos a su bebé antes de nacer, para protegerlo justo en los primeros meses, cuando el VRS es más peligroso.
A las embarazadas les pido: pregunten por ella en su próximo control prenatal. A las parejas, abuelas y abuelos: acompañen esa conversación. Y a mis colegas ginecólogos, a quienes las embarazadas más escuchan: recomiéndenla en cada visita.
Doscientas mamás panameñas nos regalaron su tiempo y su experiencia para que otras puedan decidir con más tranquilidad. Multipliquemos lo que ellas nos enseñaron, para que la próxima embarazada que escuche hablar de esta vacuna llegue con menos miedo y más respuestas. Y ojalá la próxima temporada nos encuentre con más bebés protegidos y menos muertes que lamentar.
La autora es pediatra.

