El explosivista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), un mando del frente 36, uno de los batallones más sanguinarios de la guerrilla, se aupó al árbol y señaló al suelo. La superficie que mostró estaba –está aún– sembrada de minas antipersona. Quien miraba atento las indicaciones del subversivo era un sargento del Ejército colombiano. En un momento dado, cuando el guerrillero hizo ademán de acercarse, el militar lo paró: “No toque eso, le puede estallar. Deje que nosotros señalemos la zona peligrosa y ya volveremos para destruir las minas”.
Ese momento ha llegado. A partir de hoy, miércoles, la historia que recuerda el general Rafael Colón, director del programa de eliminación de minas del Gobierno, se llevará a la práctica. Colombia iniciará en El Orejón, una pequeña vereda del departamento de Antioquia, un proyecto piloto de desminado humanitario, producto de los acuerdos alcanzados en la mesa de negociaciones de La Habana, y que permitirá el trabajo conjunto del Ejército y las FARC. Como ocurrió durante la fase preliminar, cuando se produjo la primera toma de contacto, en la que también estuvo presente Pastor Alape, uno de los negociadores en Cuba y miembro del secretariado de las FARC, los guerrilleros tendrán que explicar la precisión con la que fabricaron las minas para provocar el mayor daño posible a los militares, que las desactivarán.
Unas 50 personas se desplazarán a El Orejón: 40 miembros del Ejército, tres delegados de las FARC, uno del Gobierno y otro de la organización no gubernamental Acción Popular Noruega, país garante de las negociaciones, que supervisará el proyecto. El desminado llega en el momento más crítico para el proceso de paz, con el apoyo de la opinión pública por los suelos después de los últimos enfrentamientos. En el trabajo de campo, como en La Habana, la sensación parece ser otra, según se desprende de las palabras del general Colón: “La percepción es de respeto. Tenemos que estar en esa armonía. De ninguna manera hay una prevención, ni un choque, ni una animadversión. Todo lo contrario”.
Pese a que se ha insistido en destacar que El Orejón es un lugar donde hay más minas que personas, tampoco resulta complicado si se tiene en cuenta que se trata de una localidad donde viven 100 personas, unas 25 familias, un pequeño punto en el territorio del municipio de Briceño, de los más minados de Antioquia, con cerca de 80 veredas similares a la de El Orejón. “El reto es aumentar el impacto político que pueda tener un proyecto como este, tenemos que comenzar por algo para que se genere confianza y se pueda observar el espíritu del acuerdo, es una señal del desescalamiento del conflicto”, explica el general Colón. “Hay que llegar a acuerdos para que, con el concurso de las FARC, se puedan hacer planes piloto, limitados en tiempo y en espacio, que se puedan implementar en otros lugares”.
Colombia es el tercer país (tras Camboya y Afganistán) con más víctimas a causa de las minas del mundo, 11 mil 140 desde 1990, cuando comenzó el registro oficial. En lo que va de año, 119 se han visto afectadas: 76 militares y 43 civiles, de los cuales 7 son niños, un dato que preocupa sobremanera a las autoridades. Los departamentos de Antioquia y Meta son los que cuentan con mayor número de víctimas.
El Estado, que se ha comprometido a limpiar el país de minas para 2021, asegura que está presente en 15 de los 102 municipios en los que ha detectado la presencia de estos artefactos.