[RECHAZO]

¿Dónde se entierra a los terroristas?

“El imán de Saint-Etienne-du-Rouvray no quiere ocuparse del entierro porque se trata del enemigo de todo el pueblo, incluso de toda la humanidad, hay un problema de apropiación del cuerpo”, relata la socióloga Riva Kastoryano, autora de ¿Qué hacer con los cuerpos de los yihadistas? Identidad y Territorio (ed. Fayard), en el que compara lo ocurrido en Estados Unidos tras el 11-S, en España tras el 11-M y en Reino Unido tras los atentados del 7 de julio de 2005. “Estamos en guerra, pero de otro tipo, no existen héroes de guerra con sus propios cementerios, ningún país quiere apropiarse de esos restos”, añade. “Al final, se trata de un deber humanitario respecto a las familias, que no tienen nada que ver”, concluye.

“En Estados Unidos no se plantean la cuestión, para ellos es una guerra en la que se niega al enemigo”, explica Kastoryano. Tras el 11-S, la principal preocupación ha sido la de separar los restos de los terroristas de los de las víctimas entre la cenizas de las Torres Gemelas. Nadie reclamó los cuerpos de los 19 autores de los ataques, procedentes de diferentes países y que habían viajado por medio mundo.

Según le indicó el FBI a la académica años después de los atentados, sus restos seguían en sus dependencias. Oficialmente, no han sido enterrados en ningún lugar. El cuerpo del líder de Al Qaeda detrás del ataque, Osama Bin Laden, abatido en 2011 por las fuerzas estadounidenses, fue por su parte lanzado al mar. “El cuerpo en el agua fluida, por oposición a la tierra firme, prueba la determinación de Estados Unidos a hacerle desaparecer”, analiza en su libro.

En España, los siete terroristas que se detonaron en un piso de Leganés un mes después de los atentados de Atocha, eran inmigrantes de primera generación: cinco marroquíes, un tunecino y un argelino. El Gobierno español explica haber repatriado la mayoría de los cuerpos, pero en Marruecos nadie confirma haber recibido esos restos mortales. “Impera la censura y el silencio, nadie sabe nada”, cuenta Kastyorano.

“En Gran Bretaña primó el multiculturalismo, la postura ha sido la de decir ‘son nuestros hijos, se han radicalizado aquí, por lo tanto somos responsables”, explica la socióloga. Dos de ellos han sido enterrados en la Cachemira paquistaní, de donde procede la familia, a petición suya. El padre de uno de ellos, también originario de esta región convulsa, ha optado por enterrarlo en las afueras de Leeds, donde reside, en un principio en una tumba sin inscripción. Al cabo de un tiempo añadió el nombre y la sepultura fue profanada. Se desconoce la suerte del cuerpo del cuarto terrorista, de origen jamaiquino.

En Francia, la legislación francesa estipula que toda persona tiene derecho a ser enterrada en su lugar de residencia, en el que falleció o en el que se encuentre el nicho familiar. Pero tras cada ataque, la comunidad local, sea la religiosa o la alcaldía, manifiesta públicamente su rechazo a acoger los restos mortales del terrorista.


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