¿Para qué? Muchos se harían esta pregunta para justificar la miseria, el conformismo, la pérdida de valores, el “juega vivo” y todos los males que por mala suerte compartimos como sociedad.
Si le damos una explicación religiosa, se puede decir que todos somos pecadores porque nacimos del pecado, por tanto todos los males que nos atañen nos van acompañar hasta que el mundo sea mundo.
Pero esta es una razón vaga para justificar todos los problemas mencionados anteriormente de la que ninguna persona como miembro de un colectivo debe sentirse orgulloso, porque a pesar de que no se hable con nombres y apellidos en específico, cada individuo es el reflejo de una parte de la sociedad, en un mundo donde tanto las acciones como las palabras tienen un poder y forjan la opinión que tengan terceros sobre uno mismo.
Evidentemente el problema del “juega vivo” nace de la necesidad que tiene una persona de obtener algún beneficio de la manera fácil, rápida y hasta sencilla, motivado desde la corrupción. Para hablar de corrupción no necesariamente tiene que ser desde el punto de vista político, el cual es de conocimiento público y notorio. La corrupción es moral y va desde tirar basura en la calle hasta malversar los fondos del Estado.
Más allá de dar recomendaciones, todas las personas debemos hacer un ejercicio de introspección y autoevaluarnos, cuestionando nuestro accionar diario, preguntarnos qué estamos haciendo bien y qué no , y en qué forma podemos aportar para marcar la diferencia como ciudadanos en el país que vivimos.
Los cambios en una sociedad no lo hacen las esferas del poder, los cambios se generan desde el núcleo familiar, educando con valores y principios a los niños, y que luego tanto el Estado como los medios de comunicación tienen la responsabilidad de promover y ser ejemplo de lo bueno.
No se puede pretender cambiar las cosas si la actitud que se tiene ante los problemas es la apatía. En el momento que las personas tengan conciencia de cuán es la responsabilidad que tenemos como miembros de un colectivo, en el que nuestras acciones repercuten inevitablemente en un tercero, es ahí cuando las cosas empezarán a cambiar para mejor teniendo así la sociedad que tanto anhelamos.
El autor es estudiante de Maestría de la UIP.