Tras los asesinatos en la redacción de Charlie Hebdo, el presidente español Mariano Rajoy declaró que su gobierno protegería las libertades y perseguiría a los radicales. A los dos días, muchos policías patrullaban por Madrid, algunos armados incluso con fusiles. Esa es su idea de proteger la libertad. Y parece que él y otros gobernantes europeos quieren utilizar el execrable atentado para reducir libertades, recortar derechos de la gente común y controlar más a la ciudadanía.
Entrar a saco en internet, intervenir teléfonos, más controles, menor papel de los jueces… Contra los terroristas, dicen. ¿Acaso estos llevan alguna marca especial que los distingue de la buena gente? No la llevan, por lo tanto esas medidas nos afectarán a todos ¿Cuántos ciudadanos no verán vulnerados sus derechos por mera sospecha si se aprueban ciertas medidas antiterroristas? Ya hemos conocido situaciones análogas.
El antiterrorismo deviene un peligroso pretexto. A los gobiernos europeos les ha faltado tiempo para poner en cuestión la libre circulación de personas y maniobrar para que policía o servicios de inteligencia husmeen correos electrónicos y llamadas telefónicas sin control judicial. O sacar el ejército a la calle para vigilar las ciudades, como en Francia y Bélgica. Mientras los ministros de Interior de la Unión Europea acuerdan retocar el tratado de Schengen. Para reforzar la lucha antiterrorista, dicen. Schengen eliminó fronteras entre países de la Unión y ahora los mandatarios intentarán reponerlas de hecho. Grave retroceso para el derecho de libre circulación de las personas.
Pero en la vieja Europa los ramalazos autoritarios vienen de lejos. Hace varios años, al tiempo que Francia preparaba un paquete de medidas antiterroristas, tan equívocas y peligrosas como las que se barajan hoy, el entonces ministro de Interior británico, Charles Clarke, amenazaba a los jueces del Tribunal Europeo de Derechos Humanos con reducir a nada la Convención Europea de Derechos Humanos si no ajustaban sus sentencias a la política antiterrorista defendida por su gobierno. ¡Muy democrático!
Otra medida del gusto de los mandatarios europeos es controlar y registrar (aún más) a los pasajeros de líneas aéreas. Para que no lleguen yihadistas a Europa, dicen. Pero, ¿de dónde venían los asesinos de la redacción de Charlie Hebdo? ¿Acaso no eran franceses de tercera generación de inmigrantes magrebíes? No venían de Oriente, sino de las calles de París.
Lo exigible es analizar a fondo por qué dos jóvenes franceses musulmanes decidieron perpetrar esa inaceptable salvajada. Sobre todo si las medidas antiterroristas amenazan libertades y vulneran derechos de la gente común, musulmanes o no. Por no hablar de la responsabilidad de algunos gobiernos occidentales en la financiación y preparación de terroristas. ¿Se ha olvidado que Bin Laden fue financiado por la CIA para combatir a los soviéticos en Afganistán? EU y Francia han convertido la que era región sin terrorismo del Sahel africano en zona de violencia armada.
Por otra parte, el dilema seguridad o libertad que pretenden plantearnos es una falacia inaceptable. Ben Emmerson, relator especial de la ONU para los derechos humanos, asegura que “solo venceremos en la lucha contra el terrorismo si somos fieles a nuestros valores fundamentales: el respeto de los derechos humanos y el estado de derecho. Las violaciones de derechos por los gobiernos en nombre de la lucha antiterrorista hacen que las políticas para combatir el terrorismo generen condiciones que propician su expansión. Las medidas eficaces contra el terrorismo y la protección de los derechos humanos no se contraponen: se complementan y refuerzan mutuamente”.