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EDUCACIóN

Los fracasos escolares

Los fracasos escolares
Los fracasos escolares

Fui profesor y maestro multigrado durante casi tres décadas en distintos colegios particulares considerados a la vanguardia en la tecnología y metodología educativa. También dicté algunos cursos en colegios públicos durante un breve tiempo. Sin embargo, puedo dar fe de la diferencia significativa entre ambos sistemas. Hace algunos días pude escuchar a la ministra de Educación pronunciarse acerca de la cantidad de “fracasos” escolares en primer grado y puedo dar algunos aportes en torno a ello. Considero que la palabra “fracaso”, de por sí, no dignifica a un ser humano, puesto que la labor de un docente con verdadera vocación en una escuela es promover y no “fracasar”.

Cada vez que un niño presenta deficiencias en lecto-escritura no habría que achacarle la culpa únicamente al niño sino a todo el sistema. Recuerdo que en las escuelas particulares donde impartí clases existía un espacio de adecuación para todos los niños, que presentaban un nivel de dificultad. Las maestras asignaban horas diarias que se conocen como nivelación a los estudiantes con problemas en lecturas.

En la escuela pública casi no se realiza esto, puesto que los maestros consideran que es “mucho trabajo” y prefieren que sea el tutor o padre de familia el que se encargue de esto. Es importante también señalar que el primer grado es considerado como un grado “castigo” en muchas escuelas públicas para los docentes que no cumplen bien su trabajo o difieren de los lineamientos del director o sub director. Sencillamente, se le manda a primer grado como una forma de escarmiento y muchos docentes así los interpretan. Todo aquello de la misión del educador, en cuanto a enseñar a leer y también valores, queda en el cesto de la basura. No existe, a mi juicio, un grado más bonito que el primer y segundo grado, ya que son las edades en las que el niño graba en su mente todas las enseñanzas que le marcarán para el resto de sus vidas. Por ello, todos nosotros nos acordamos de adultos de las bondades o exabruptos de nuestros maestros de primeros grados.

Hoy día se utiliza mucho el constructivismo para enseñar a leer, lo cual considero muy abarcador y a veces complejo para los niños que aprenden a leer. Mi generación y las anteriores aprendimos a leer con el método silábico que consistía en reconocer vocales y consonantes para luego hacer combinaciones y no recuerdo, para hacer honor a la verdad, que algún niño haya tenido que repetir primer grado, lo cual, a mi juicio, es un absurdo y deja muchas grietas en nuestro sistema educativo público.

Es menester señalar también que muchos padres de familia han dejado de apoyar la labor de formación en la escuela primero porque muchos se consideran con “mayor nivel” que un profesor o maestro, y cuestionan sus métodos frente a sus propios acudidos. Esto para ganar simpatía con su hijo (a), con el cual han perdido la autoridad en sus casas.

En un tiempo, los acudientes se acercaban a la escuela para apoyar al docente frente a la tarea de formación. Hoy día se apersonan a la escuela para desaprobar lo que hace el maestro e, incluso, para agredirlo físicamente. También es un hecho comprobado que no es lo mismo impartir clases a 15 estudiantes que a 40. El docente pierde la oportunidad de un trato personalizado que es significativo.

Es por ello que se requiere una extensión de la jornada, sobre todo en la escuela pública, ya que en la mayoría de los colegios particulares esto se viene dando desde hace muchos años. Un docente que atiende varias escuelas a la vez no podrá entrar en este esquema de jornada extendida, razón por la cual se hace necesaria una revisión salarial para que este se dedique a un solo plantel.

Es un hecho también que muchos educadores solo miran su profesión como una solución de empleo. Viven en constante estrés, esperando el pago, y encima quieren más aumento para resolver sus problemas de deudas mal adquiridas. No obstante, a la hora de la autoformación en seminarios, muchos pasan “agachados” sin que nadie los supervise. Hay muchos colegios públicos en apartados sitios del interior donde los docentes se toman hasta dos meses de vacaciones sin asistir a ningún seminario de formación. Hay directores de centros escolares públicos que no cuestionan el alto índice de fracasos para no “meterse en problemas” con su personal que, dicho sea de paso, está agremiado y amenaza con huelgas si se les cuestiona.

No me explico cómo hay estudiantes con fracasos en materias tan sensitivas y atractivas como Cívica, Bellas Artes y Religión. Me niego a aceptar que no hayan asimilado nada en ellas o ¿será quizá una forma de castigo?

La educación actual conlleva enfrentar muchos desafíos, como el uso correcto de la tecnología y la falta de apoyo de los acudientes. Sin embargo, siempre han existido retos para esta noble labor.

Antes había que trabajar sin recursos y ser docentes multigrados, casi sin preparación, pero con mucha vocación y cariño por lo que se hace. No perdamos de vista que los altos índices de reprobación también son el resultado de nuestros fracasos como padres, docentes y como sociedad en su conjunto.

El autor es sociólogo y docente


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