La independencia de Panamá en 1903 no fue el resultado de una causa única. Surgió de la unión de varias fuerzas poderosas: un nacionalismo panameño, los intereses financieros del fracasado proyecto francés del canal, la influencia de Wall Street, las ambiciones estratégicas de Theodore Roosevelt y la extraordinaria intervención del ingeniero francés Philippe Bunau-Varilla.
Durante muchos años hemos visto a Bunau-Varilla principalmente como el francés que negoció, sin ser panameño, un tratado que concedió a Estados Unidos derechos excesivos sobre la Zona del Canal. Esa crítica tiene fundamentos. Pero después de conocer con mayor profundidad la historia que rodeó nuestra independencia, particularmente a través del libro How Wall Street Created a Nation, de Ovidio Díaz-Espino, tengo reflexiones sobre este histórico personaje, que fue uno de los grandes responsables de que obtuviéramos nuestra independencia y de que el Canal se construyera en Panamá.
En 1902, Estados Unidos pensaba construir su canal por Nicaragua. Bunau-Varilla se convirtió en uno de los promotores más tenaces de Panamá. Él poseía algo de lo que los primeros líderes de Panamá aún carecían: contactos profundos en Washington, años de experiencia en labores de cabildeo, relaciones personales con funcionarios estadounidenses influyentes y una determinación casi obsesiva por evitar que el Canal se construyera en Nicaragua. Ya había contribuido a inclinar la opinión pública estadounidense a favor de Panamá antes de la independencia y, una vez que Panamá se convirtió en república, actuó con una rapidez extraordinaria para cerrar el acuerdo. Hizo lobby en Washington, convenció a políticos y logró, finalmente, que el Senado estadounidense favoreciera a Panamá.
Pero todavía existía el obstáculo de que Panamá pertenecía a Colombia. Allí Bunau-Varilla jugó un papel fundamental: animó a los separatistas a tomar acción y los convenció de que el ejército norteamericano los protegería contra cualquier acción militar de parte de Colombia. Los panameños querían una revolución para la independencia y Bunau-Varilla quería el canal. Y cuando el Senado colombiano rechazó el tratado Hay-Herrán en 1903, Bunau-Varilla comprendió que todo podía perderse. Manuel Amador Guerrero viajó a Estados Unidos buscando apoyo para la separación. Bunau-Varilla fue uno de los puentes fundamentales entre los revolucionarios panameños y Washington. Pero una cosa era declarar la independencia y otra muy distinta sobrevivir militarmente a la reacción de Colombia. En ese momento, Estados Unidos envió buques de guerra a Panamá y dificultó que Colombia utilizara sus fuerzas para recuperar el territorio. Así, el 3 de noviembre de 1903, nació la República de Panamá.
El nuevo gobierno panameño nombró a Bunau-Varilla ministro plenipotenciario, otorgándole amplias facultades para negociar con Estados Unidos. Esa autorización existió formalmente, por lo que no puede decirse que simplemente se autonombró representante de Panamá. El 18 de noviembre firmó con el secretario de Estado John Hay el tratado que aseguró la construcción del Canal. Probablemente, con una negociación más larga, habríamos conseguido mejores condiciones. Bunau-Varilla negoció antes de que llegaran los comisionados panameños y el acuerdo concedió a Estados Unidos mayores derechos que los contemplados anteriormente para Colombia, incluyendo jurisdicción prácticamente exclusiva y una concesión perpetua. Solo que nunca sabremos si Manuel Amador Guerrero habría logrado un mejor acuerdo sin correr el riesgo de perderlo todo, sobre todo tras el fracaso del tratado en el Senado colombiano. La realidad era que Panamá acababa de nacer, Colombia podía intentar recuperar el territorio y Bunau-Varilla ya había eliminado la opción de Nicaragua: Estados Unidos tenía prácticamente todas las cartas.
Bunau-Varilla entendía el mundo de Washington, conocía a sus dirigentes y sabía que había que cerrar el acuerdo inmediatamente. Sin duda, no consiguió el mejor tratado para Panamá. Fue el hombre que consiguió que hubiera tratado, que el Canal permaneciera en Panamá y que Estados Unidos comprometiera su poder con la supervivencia de nuestra nueva República. La propia Junta de Gobierno justificó la rápida ratificación del tratado por la necesidad de garantizar la independencia del nuevo país.
Por tanto, definiría a Bunau-Varilla como un héroe en lo que respecta a la rápida obtención del acuerdo para el Canal, pero no necesariamente como un héroe en la negociación del mejor tratado posible para Panamá. Tuvo un éxito rotundo al garantizar que el Canal se construyera a través de Panamá, pero el precio fue un tratado que otorgaba a Estados Unidos derechos más amplios y permanentes de los que, probablemente, Panamá habría aceptado negociar voluntariamente. Quizás la conclusión más justa sería que sin Bunau-Varilla, Panamá podría haber conseguido un tratado mejor, pero también habría corrido el riesgo de perder por completo el proyecto del Canal. Su gran valor histórico es haber sabido cómo lograr que Washington diera su visto bueno justo en el momento en que Panamá más lo necesitaba. Dicho de otro modo: su obsesión por que el Canal se construyera en Panamá creó la oportunidad para nuestra independencia.
El autor es promotor de proyectos.


