Tuve la oportunidad de trabajar estrechamente con la escritora Griselda López cuando fue jefa del Departamento de Letras y luego directora de Extensión Cultural del Instituto Nacional de Cultura, hoy Ministerio de Cultura. Fue una mujer inteligente y con una profunda sensibilidad hacia el arte en general. Tenía un gusto exquisito por el cine, la pintura y la literatura.
Griselda López nació en Guararé, provincia de Los Santos, Panamá, el 30 de marzo de 1938, y murió el 24 de octubre de 2026. Fue licenciada en Filosofía, Letras y Educación con especialidad en Periodismo. Realizó estudios superiores en Comunicación Social en la Ciudad de México. Fue directora de Canal 11 de televisión y de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad de Panamá, donde fue profesora. Escribió cuentos y ensayos sobre comunicación.
Recuerdo que en una ocasión me llamó la atención, con el tono de una madre que regaña a su hijo, porque le dije que yo no leía periódicos, siendo columnista de un periódico. Me dijo que uno tiene que leer también lo que otros escriben, y leer otros temas además de los de cultura. Por eso empecé la empresa de leer los artículos de economía, las notas internacionales y los artículos de la política local. Gracias a su consejo, escribí algunos artículos sobre problemas sociales, temas económicos y políticos.
Como ocurre cuando uno tiene una gran maestra y sigue sus consejos, yo solía conversar con ella sobre literatura panameña; coincidíamos en algunos gustos del corpus de la literatura criolla. Ella respetaba el trabajo de Justo Arroyo, Herasto Reyes, Bertalicia Peralta, Giovanna Benedetti, Raúl Leis, Moravia Ochoa y Pedro Rivera, entre otros, autores que yo también admiraba.
Con Griselda me acerqué a la obra de Ryszard Kapuściński, Toni Morrison y Truman Capote. Me dijo que tenía que leerlos para tener clara una cuestión de estilo, de forma y fondo, de saber mirar el mundo en su complejidad. El recurso de la elipsis no lo entendí desde la literatura, sino desde el cine. Griselda me prestó dos películas. Recuerdo que una era de Ingmar Bergman y la otra de Fritz Lang, ambas con temas de violencia bélica.
Tiempo después, cuando ya habíamos entablado confianza, me invitó a hablarles sobre literatura a sus estudiantes de comunicación. Ella pensaba que un periodista tenía que ser un buen lector de literatura.
Con Griselda también me aproximé a la pintura panameña. En una ocasión la visité en su apartamento y quedé sorprendido con la colección de obras de pintores panameños. Con ella comprendí que saber mirar el arte era otra forma de conocimiento que me ayudaba como escritor. El hecho estético que nace en el lienzo es un lenguaje parecido al de la literatura.
Griselda López nos dejó un racimo de cuentos en sus libros Piel adentro (1986), Sueño recurrente (1989), Las capas del tiempo (2017) y Ultrasonido (2021). En sus cuentos podemos encontrar temas como el recuerdo, la soledad, la emigración, el arraigo a la tierra, la inconformidad o la tristeza; pero también otros temas trascendentales de la existencia como la esperanza, el amor o la empatía. También en sus cuentos hay presencia de la denuncia social y los problemas de la condición de la mujer.
Uno de sus cuentos más emblemáticos, aplaudido por escritores como Bertalicia Peralta y Luis Carlos Jiménez, es Me comeré la tierra, que podemos leer en su primer libro, Piel adentro. Es el relato de una mujer enraizada en su hogar, en su tierra. El sentimiento de vacío y arraigo se construye mediante escenas familiares, del hogar y de la comunidad, y mediante la omisión de los problemas del campo que obligan a los habitantes a huir de la soledad. La soledad irrumpe de forma violenta cuando Pedro, su amor, también se va.
Otra pieza meritoria que Griselda nos dejó la encontramos en el libro Las capas del tiempo. Me refiero al cuento corto El círculo vicioso. Es una historia modesta que amplifica un problema de desigualdad de género. La protagonista, Elena, una profesional con habilidades y capacidad intelectual destacada, emprende una nueva experiencia de trabajo en una empresa. La discriminación laboral se presenta desde el silencio que deja ver el círculo vicioso que impera en el trabajo. La resignación se presenta como una forma de fragilidad.
La capacidad de comunicar los problemas y las contradicciones del ser humano en un mundo también contradictorio es uno de los atributos de los cuentos de Griselda López. Por eso Raúl Leis escribió sobre ella: “¿Hasta dónde quiere llegar con estos cuentos? La pura satisfacción literaria no es suficiente, hay que entenderlos como las ganas inacabadas de comunicar, de hacer comunión con sus inquietudes”.
En sus entrevistas, en sus trabajos sobre género y comunicación, en el trabajo, en sus cuentos, en su mirada y en su forma de ver las cosas, había una especie de silencio que habitaba el mundo de Griselda. Creo que ese silencio era una forma de comunión entre ella, la cultura y la sociedad. Creo que todos tenemos vacíos y silencios que nos acompañan hasta que llegue nuestro final.
El autor es escritor.


