Existe en nuestra sociedad un silencio cómplice sobre la salud sexual. Desafortunadamente, va acompañado de miedos, tabúes, estigma y desinformación. Este contexto lleva a la mayoría de las personas a comportamientos de riesgo, muchas veces sin saberlo. Entonces, hablemos de salud sexual.
La salud sexual se refiere, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a un estado de bienestar físico, emocional, mental y social en relación con la sexualidad, y no es meramente la ausencia de enfermedad, disfunción o incapacidad. La OMS también nos recuerda que esto implica experiencias placenteras, seguras y libres de coacción o violencia. Analicemos estos conceptos de manera más profunda.
Con base en las definiciones anteriormente mencionadas, estos conceptos son bastante técnicos y van más allá del simple acto del coito o apareamiento.
Los conceptos son:
Bienestar integral, el cual integra los aspectos físico, mental y social.
Derechos y respeto de las personas en cuanto a su sexualidad, alejados de la discriminación y el estigma.
Seguridad y placer, donde las relaciones se encuentran libres de violencia y generan placer.
Adicionalmente, tenemos los conceptos de prevención de enfermedades e infecciones de transmisión sexual (ITS), incluido el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). También implica el acceso al tratamiento de las ITS de manera temprana y oportuna. A la vez, va acompañado de la prevención de situaciones de violencia.
Con base en estos conceptos, tenemos que la salud sexual de las personas va mucho más allá de una simple noche. Son conceptos complejos que incluyen salud mental, psicología, estados de ánimo y situaciones de riesgo. No todo es bonito.
Hace algunos años, recuerdo una campaña muy impactante que decía que las personas no tienen escrito en la cara si están infectadas con una ITS. En esta campaña, recuerdo, se veían rostros de jóvenes de todo tipo, siempre todos y todas muy atractivos, con palabras como gonorrea, sífilis, clamidia, VIH, entre otras, escritas a mano en sus bellas frentes. No es tan fácil.
En un reciente informe presentado por la AIDS Healthcare Foundation (AHF) y la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá, coordinado por nuestro colega Gilberto Eskildsen, conocimos sobre la carga escondida de las ITS. Aunque esta fue una prueba piloto, logramos apreciar que existe una proporción de personas que viven con ITS, incluido el VIH, y que, en Panamá, aproximadamente 30,000 personas viven con el VIH. Las ITS que se identificaron en este análisis incluían VIH, sífilis activa, clamidia, gonorrea y otras más. En todas las personas fue una infección antes no diagnosticada. Recordemos las caras de la campaña: no lo llevamos escrito en la cara. Es básicamente el mismo concepto, solo que en la vida real.
Entonces, ¿qué podemos hacer? Podemos hacer muchas cosas, empezando por hablar de la salud sexual. Al tener una nueva pareja, no pidamos flores amarillas, pidamos pruebas de laboratorio. No tengamos miedo ni tapujos para hablar sobre salud sexual, sobre el uso del condón, sobre el uso del milagroso medicamento PrEP para la prevención del VIH, el cual es accesible en nuestro país, al igual que el PEP. Por si acaso nos exponemos sin querer, tenemos hasta 72 horas para tomarlo.
Tampoco nos dejemos llevar por la presión de otras personas. La sexualidad es una realidad y la mayoría la practica. No pretendamos tapar el sol con un dedo. Al seguir con los mitos, la desinformación, el estigma, la violencia y la discriminación, lo que logramos es perpetuar las ITS, los embarazos en adolescentes y hasta algunos tipos de cáncer.
En cuanto a los cánceres, tenemos aquellos causados por la infección persistente del virus del papiloma humano (VPH), como los de cérvix, ano, pene y orofaringe. Al existir una vacuna, podemos prevenirlos, como se ha logrado hacer en otras latitudes. Pero también hay otros cánceres, como aquellos causados por ciertas formas de hepatitis, que pueden desencadenar cáncer de hígado. Así que no nos engañemos: la salud sexual es compleja y tiene muchas implicaciones. Hablemos de ella. Podemos prevenir muchas vicisitudes.
La autora es doctora en salud pública.

