En menos de un mes, específicamente el martes 3 de noviembre, se realizarán en los Estados Unidos de América las elecciones denominadas de “mitad de mandato”, en las cuales se deben elegir 1/3 de los 100 escaños de senadores y todos los 435 puestos que tiene la Cámara de Representantes del Congreso de esa nación. El resultado de esta votación, que en el año 2022 solo motivó a votar a menos del 55% de la población que podía hacerlo, es sumamente importante para el balance del poder que debe demandar cualquier democracia.

Sin embargo, este año cobra una mayor importancia, pues recordemos que hace 2 años, cuando fue electo el actual presidente, el Partido Republicano también ganó el control de ambas cámaras del Congreso, lo cual le ha permitido implementar sus proyectos. Vale la pena destacar, sin embargo, que, como en toda democracia que se precie, la Corte Suprema de Justicia ha hecho prevalecer la justicia cuando así se le ha solicitado, manteniendo el balance de poder democrático que displace a los dictadores, tanto de izquierda como de derecha.

Hasta el momento, la gran mayoría de las encuestas que se han estado publicando parecieran inclinar la balanza de los resultados de estas elecciones hacia los candidatos del Partido Demócrata, lo cual podría provocar que el balance de poderes se pudiera inclinar hacia el sentido contrario de donde está ahora mismo, dentro del Congreso.

Esto fortalecería la democracia, aunque, desde la perspectiva del propio ocupante de la Casa Blanca, sería una derrota, la cual él mismo ha estado previendo desde hace varias semanas. En diferentes reuniones reducidas, así como en las grandes congregaciones del Partido Republicano, el propio presidente les ha comentado a sus congresistas que, si ellos no ganan sus respectivos escaños, lo más probable es que el nuevo Congreso promueva lo que en inglés se conoce como “impeachment”, que, traducido al español, podría referirse al hecho de un proceso de juicio político.

Este proceso inicia en la Cámara Baja del Congreso o Cámara de Representantes, donde se inicia una investigación, usualmente por parte del Comité Judicial, para reunir pruebas y testimonios sobre posibles delitos de traición, soborno u otras faltas graves. Si se encontrara el fundamento esencial, se procede a redactar los llamados artículos de acusación (articles of impeachment) y se procede a una votación, donde una mayoría simple decide remitir el caso investigado al Senado.

En el proceso de juicio político mencionado, la Cámara Alta (Senado) funge como jurado. Un grupo de miembros de la Cámara de Representantes actúa como fiscales y el acusado se defiende con sus abogados. Si se juzga al presidente, el presidente de la Corte Suprema preside el juicio.

Luego de escuchar el fundamento y los posibles argumentos, el Senado vota para condenar o absolver. Se requiere una mayoría calificada de dos tercios (67 de 100 senadores) para declarar culpable al funcionario.

Si se alcanzara la mayoría mencionada, el acusado es destituido inmediatamente de su cargo. Si no se logran los dos tercios, el funcionario es absuelto. Vale la pena mencionar que en la historia política de los EE. UU. varios presidentes han sido llevados a juicios políticos. Ninguno ha sido condenado. El actual presidente ya ha sido “impeached” en dos ocasiones, sin que se consiguieran los 2/3 requeridos para resultar culpable. Quizás el caso más memorable fue el de la acusación del entonces presidente Richard Nixon, que prefirió renunciar a la presidencia antes de que se prosiguiera con su caso.

Esta es la razón de la preocupación del actual presidente Trump, pues, de darse los resultados previstos en estas elecciones, lo más probable es que el Partido Demócrata obtenga el control de la Cámara de Representantes y los 2/3 de los votos en el Senado requeridos, lo cual podría significar su destitución, a menos que él renuncie antes de llegar al momento en que la Cámara Baja vote remitir el caso al Senado.

De una manera u otra, seguramente el resultado de este 3 de noviembre será memorable, ya no solo para los panameños que celebramos nuestra independencia, sino que posiblemente para el resto del mundo. A comprar “popcorn” y a ver qué sucede este 3 de noviembre.

El autor es dirigente cívico y analista político.