[COMPROMISO MUNDIAL]

Es hora de que demos el paso por la igualdad de género

En 1990, las jefas de Estado o de Gobierno eran 12; en 2015 son 19, pero el resto son hombres. 8 de cada 10 parlamentarios en todo el mundo todavía son hombres.

Es hora de que demos el paso por la igualdad de género
Es hora de que demos el paso por la igualdad de género

Si leemos los titulares o vemos el último clip aterrador en YouTube hoy, en el Día Internacional de la Mujer, no parece buen momento para celebrar la igualdad de las mujeres. Sin embargo, junto con las historias de atrocidades extraordinarias y violencia cotidiana, también existe otra realidad en la que, como nunca antes, son más las niñas que asisten a la escuela y son más las que obtienen un título; la mortalidad materna se ubica en los niveles más bajos de la historia; las mujeres ocupan cargos de liderazgo y se ponen de pie, se hacen oír y exigen medidas.

Hará 20 años en septiembre, que miles de delegadas y delegados partían de la histórica cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing con grandes esperanzas. La sensación abrumadora era que las mujeres habían logrado una gran victoria. Y de hecho así era: 189 líderes mundiales habían comprometido a sus países con una extraordinaria plataforma de acción que tenía promesas ambiciosas, pero realistas en áreas clave, y una hoja de ruta para cumplirlas.

Si los países hubieran cumplido todas esas promesas, hoy estaríamos observando muchísimos más avances en materia de igualdad. Estaríamos hablando de igualdad para las mujeres en todos los ámbitos y podríamos tener un mundo más sano, con una prosperidad más uniforme y sostenible.

Al observar hoy el progreso lento e irregular hacia la igualdad de género, parece que tuvimos la expectativa exageradamente ambiciosa de acabar en 20 años con un régimen de desigualdad de género y opresión absoluta que había durado en algunos casos miles de años.

Entonces, ¿era pedir demasiado? ¿Qué clase de mundo es este que condena a la mitad de su población a una condición de ciudadanía de segunda clase, en el mejor de los casos, y a la esclavitud absoluta, en el peor de ellos? ¿Cuánto costaría en realidad liberar el potencial de las mujeres del mundo? Y ¡cuánto se podría haber ganado! Si los líderes del mundo verdaderamente hubiesen visto en la plataforma de acción de Beijing una inversión en el futuro de sus países, ¿por qué no la cumplieron?

Algunas mujeres ocupan lugares en los principales centros de toma de decisiones. En 1990, las jefas de Estado o de Gobierno eran 12; en 2015 son 19, pero el resto son hombres. 8 de cada 10 parlamentarios en todo el mundo todavía son hombres.

La mortalidad materna disminuyó un 45%, pero la meta para 2015 era una disminución del 75%. Todavía hay 140 millones de mujeres sin acceso a la planificación familiar moderna: la meta para 2015 era la cobertura universal.

Más niñas comienza la escuela y completan su educación; los países en gran medida han eliminado la “brecha de género” en la educación primaria. Muchas más niñas ingresan también a la escuela secundaria, pero existe una amplia brecha entre los niveles educativos alcanzados por las niñas y los niños. Hay más mujeres trabajando: hace 20 años, el 40% de las mujeres tenía empleo remunerado y asalariado. Hoy esa proporción aumentó hasta alcanzar alrededor del 50%, pero a este ritmo tomaría más de 80 años lograr la paridad de género en el empleo y más de 75 años alcanzar la igualdad salarial.

Hoy recordamos los compromisos adquiridos e instamos a las y los líderes a tomar acción. Nuestro objetivo es simple: una acción sustancial inmediata, enfocada de forma urgente en los próximos cinco años para alcanzar los objetivos de Beijing antes de 2030.

Debemos tener en la mira un resultado final. Nuestro objetivo es una acción sustancial inmediata, enfocada de forma urgente en los próximos cinco años y en la igualdad antes de 2030.

Si las y los líderes mundiales se unen a las mujeres del mundo; si genuinamente redoblan sus esfuerzos por la igualdad a partir de las bases fundadas durante los últimos 20 años; si pueden hacer las inversiones necesarias, forjar alianzas con las empresas y la sociedad civil, y hacerse responsables de los resultados, esto podría lograrse antes. Al final las mujeres obtendrán la igualdad. La única pregunta es ¿por qué debemos esperar? Por eso estamos celebrando hoy el Día Internacional de la Mujer con confianza en la expectativa de que tendremos aún más motivos para celebrar el año próximo y en los años venideros.


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