RELEVO GENERACIONAL

Es hora de los jóvenes

Es hora de los jóvenes
Es hora de los jóvenes

En nuestro país, cada semana surge un nuevo escándalo que confirma los “secretos a voces”. Esta siempre ha sido la historia de Panamá. El hecho de que Odebrecht pasaba dinero debajo de la mesa para ganar sus licitaciones era algo conocido, tanto en Panamá como en los países en los que la empresa tenía presencia. Solo saber que Odebrecht sería proponente de alguna licitación podía ser motivo de sobra para que otras empresas desistieran de participar en esos actos públicos.

Ahora se ha confirmado otro secreto a voces, se trata de las “botellas” de la Asamblea Nacional. Si bien no todos los que laboran en la Asamblea son “botellas”, desde hace muchos años ahí se otorgan contratos a personas que, a cambio, le deben dar al diputado que los contrata parte del monto. En resumen, lo que deseamos plantear es que cuando una sociedad acepta estos secretos a voces, con indiferencia o resignación, y mantiene esa misma actitud cuando se hacen públicos, entonces hay que hacer un alto en el camino y trazar un nuevo rumbo.

En 1987, cuando Roberto Díaz Herrera convocó a una conferencia de prensa para hablar de la decapitación de Hugo Spadafora, del fraude en las elecciones de 1984, y del tráfico humano de ciudadanos chinos, todo eso era un secreto a voces, pero en aquel momento saltó una chispa que despertó la conciencia nacional, y surgió la Cruzada Civilista.

Pensar en que surja hoy un movimiento como el de aquella época es una quimera, pues la mentalidad de la gente y los tiempos han cambiado mucho. Pero esto no se debe interpretar como que las cosas no pueden ser diferentes, a pesar de la vergonzosa realidad que nos golpea en la cara. En Panamá ya nadie cree en nadie, y el que alza su voz es descalificado de inmediato, aunque sus argumentos sean válidos. Además, la mayoría de las denominadas “figuras públicas” están “quemadas”. Sobra repetir que ninguno de los partidos políticos tiene credibilidad. Y, ojo, no necesariamente debemos dejar este deshonor a los partidos más grandes, Cambio Democrático, el PRD y el Partido Panameñista. Estos tres están desgastados, pero sufren el mismo mal que los pequeños, el Partido Popular, el Molirena y el FAD (en formación).

Por otro lado, los que se la pasan abanicando las opciones de constituyente y soluciones radicales tampoco gozan de gran poder de convocatoria o convencimiento. Así las cosas, consideramos que la alternativa más viable para el país son los jóvenes. Ellos, con su mentalidad innovadora y su capacidad de organización, podrían ser lo que Panamá necesita. Si se uniesen como un solo movimiento, a través de las redes sociales; si nos presentan sus ideas y se dedican a recolectar firmas para que se hagan las reformas políticas y los cambios que el país necesita, quizás, podríamos ver la luz al final del túnel.

Ellos son los únicos a los que les interesaría realmente, por ejemplo, que los diputados ganen menos y no se puedan reelegir; que solo se dediquen a legislar y no a trabajos comunitarios; que los encargados de administrar justicia lo hagan por vocación académica y servicio a la patria, y no para servir a quien los designa ni a sus allegados de turno; que la educación evolucione y se adecúe a los tiempos. Inclusive podrían presentarnos un candidato a la Presidencia de la República y a los demás puestos de elección.

Los jóvenes y sus tendencias innovadoras no tienen cola de paja ni techo de vidrio, además de que serían los únicos a los que no les temblaría la mano al momento de hacer lo que se tenga que hacer en este país. Ellos pueden acabar con ese paradigma de que hay que gastar millones en una campaña, y que el presidente suba al poder hipotecado.

Los jóvenes, con su iniciativa y su manejo de las redes sociales, pueden desbaratar el engranaje de corrupción institucionalizada que ha derrumbado la moral de este país. Además, llegarían al gobierno con toda la buena fe del mundo, para solucionar los problemas que tenemos desde hace varios torneos electorales y que siguen latentes. Sus ideas en materia educativa, seguridad social, ejecución de proyectos y todo lo que tenga que ver con el rumbo de la nación, solo pueden ser aplicadas por ellos mismos.

Jóvenes panameños, tomen cartas en el asunto. Los que forman parte de la nueva generación de los partidos tradicionales podrían renunciar y asociarse en un nuevo grupo. Es la única alternativa para renovar un sistema que ha tocado fondo. Ánimo, presenten un candidato para las próximas elecciones. Solo tiene que ser mayor de 35 años, quizás ya esto no lo hace tan joven, pero es lo que dice la Constitución. El punto es que sean ustedes quienes le presenten al país una figura nueva en el escenario político. Con esto basta y sobra. Deben, además, presentar figuras para todos los puestos de elección, sobre todo, para ser diputados en todos los circuitos. De esta forma podrán irrumpir en el poder para sanear la cosa pública. ¡La patria los necesita!


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