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El establecimiento de lazos diplomáticos con la República Popular China constituye un hito en la historia de las relaciones internacionales de la república de Panamá. Los tiempos clamaban por esta decisión congruente no solo con el rol cada vez más importante que juega la potencia asiática en la comunidad de naciones, sino con la relevancia que tiene para nuestro país y lo que su gran mercado puede representar para nuestros productos y servicios. Administraciones anteriores postergaron la decisión. Darle la espalda a Taiwán no era fácil. Compartimos principios democráticos. Además, la nación fundada por Chiang Kai-shek nos brindó su amistad y cooperación, premiando nuestra lealtad con donaciones tan generosas como polémicas. Pero los estadistas están para discernir entre lo que conviene a un gobierno y lo que sirve a un país. Acertaron el presidente Varela y la canciller De Saint Malo de Alvarado. Tomaron una decisión fundamentada en la realpolitik y en el pragmatismo de mercado. El anuncio de ayer ha sido el corolario de un proceso discreto y bien llevado que nos ha puesto de cara al futuro.

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