La selección, por parte del Ejecutivo, y la confirmación en la Asamblea Nacional de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia siempre ha sido un asunto netamente político. Los partidos –sin excepción, y en especial los presidentes– buscan tener uno o más representantes en los nueve puestos del máximo tribunal. No buscan independencia, por el contrario, buscan fidelidad, porque necesitan soplones, amigos y jueces comprometidos con ellos. Prevén que sus chanchullos de corrupción se descubran y con sus amigos en la Corte, siempre podrán cobijarse a su sombra. Hoy, en la víspera de dos nuevos nombramientos en la Corte, los partidos políticos se rasgan las vestiduras, hablan de la cercanía de las candidatas al Ejecutivo, de su falta de independencia. ¿Qué pasaría si se postulan candidatos a magistrados vinculados a Cambio Democrático o al PRD? ¿Acaso estarían haciendo alharaca? No, no es independencia lo que buscan. Su cinismo les hace olvidar que han sido sus decisiones –las de todos– las que tienen a esta casa de justicia convertida en cueva de lacayos al servicio de quien los nombró.
hoyporhoy
26 dic 2017 - 05:00 AM