Estaba en mi oficina leyendo el libro “Sapiens” de animales a dioses cuando suena, de forma insistente, el teléfono. Al contestar, escucho esta voz profunda de mi recordada profesora del Instituto Nacional. “Hola, hola, don Carlos, le habla la señora Lenis”.
Me quedo de una sola pieza, porque las veces que he conversado con ella suceden eventos importantes que impactan el desarrollo de Panamá. Sin esperar que le contestara, me dijo: “tome su carro y véngase a Monagrillo, porque los economistas, filósofos y políticos del parque están enormemente preocupados por lo que pasa en el país”.
Raudo y veloz, me fui a Monagrillo, donde la señora Lenis me llevó frente al grupo de los economistas. Su esposo, muy respetable, comenzó a hablarme del Varela, y la Circular No. 8, en la que el Gobierno informa al país que la moneda, que en Monagrillo llaman Varela, será de curso forzoso.
Esta decisión tiene implicaciones económicas muy negativas, porque en un país dolarizado, como lo es Panamá, poner a circular una moneda que no tiene ningún valor es lo mismo que imprimir billetes falsos. Además, históricamente, las monedas fraccionarias han sido acuñadas por el Banco Nacional, y esta es la entidad que lleva la contabilidad de esas monedas.
Solamente Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela han roto este esquema y han hecho que el Ministerio de Economía y Finanzas sea el agente que acuñe estas monedas. Ellas producen una utilidad del 75% del valor facial, pero nadie sabe a dónde van esas utilidades, porque no aparecen registradas en las cuentas de ingresos del presupuesto nacional. En la acuñación de Martinelli, el costo fue de 10 millones de dólares y se produjo una utilidad de 30 millones de dólares. La pregunta es, ¿dónde están? Lo mismo pasa con la emisión autorizada por la Asamblea Nacional. Nadie sabe quién es el beneficiario de esta utilidad.
La señora Lenis nos interrumpe y me dice: “Recuerde la frase de Churchill: ‘Solo podemos ser matados una vez en el combate, pero varias veces en política”. Lo que me dejó reflexionando que, en efecto, los dos gobiernos anteriores nos han matado, pero la verdad es que la tercera es la vencida.
Es un hecho que los gobiernos arnulfistas, igual que los militares, no son buenos en economía ni en el manejo de las finanzas públicas. La última noticia con respecto al deterioro del déficit fiscal, que subió a 3.8% del PIB, es prueba de ello.
La señora Lenis asintió y me preguntó qué pensaba yo sobre la alianza del Partido Popular con el oficialismo para las próximas elecciones. Le respondí que el grupo que secuestró el partido se olvidó de los ideales democráticos y éticos que fueron las bases de su prestigio. Los actuales dirigentes pensaron exclusivamente en sus intereses. El país no se merece una reelección del mismo grupo en el poder. Por eso, pienso renunciar al Partido Popular. Sin embargo, no con ello estoy de acuerdo con lo que hace el Partido Revolucionario Democrático, en el sentido de que su candidato parece defender lo indefendible. No se puede estar con Dios y con el diablo. Defender las sinvergüenzuras de los diputados del Partido Revolucionario Democrático y de los otros partidos, sugiere que gobernarán con los mismos errores que los actuales.
La señora Lenis me pregunta, ¿usted no parece estar de acuerdo con los candidatos a la Presidencia? Le respondí contándole lo que le pasó a Gaspar Balaus, orador, médico y poeta del siglo XVII. Se creyó hecho de mantequilla, por lo que eludía cualquier fuego o fuente de calor por miedo a derretirse. Un día caluroso, temiendo fundirse, se arrojó de cabeza a un pozo y murió ahogado. Los candidatos actuales son de mantequilla, pues no se atreven a hablar por miedo a derretirse… y terminarán ahogados.
El autor es consultor de logística.
