Jueves 21 de noviembre. Desde primeras horas de la mañana comienza a circular en las redes sociales un video en el cual una diputada manifestaba que en su planilla aparecía una persona para ella desconocida, dando el nombre del individuo y datos sobre sus cobros quincenales y mensuales. Agregó que ya había consultado con su bancada, y que había elevado consultas dentro de la Asamblea Nacional y nadie daba razón sobre el citado funcionario, presuntamente “botella”.
Afortunadamente para la persona agraviada, quien seguramente no tiene el poder de convocatoria ante los medios de comunicación que sí gozan los diputados, la Asamblea Nacional emitió un comunicado aclarando la situación. Resultó ser que esta persona sí labora en el Órgano Legislativo y que inclusive pertenece a la misma coalición de la diputada acusadora. Esa información luego fue corroborada por otro diputado de su propia coalición. Desde ese momento, el potencial escándalo se apagó, dando espacios a otros, muy necesarios, por cierto, para alimentar el morbo nacional.
Todo parece ser que fue ansias de protagonismo de la diputada o “de taquilla” como ahora dicen. Aprovechando su posición, quiso demostrar que cumple su lema “de la indignación a la acción”. Cierto solo fue que ella no conocía al funcionario en mención, pero pareciera que ni consultó con el resto de la bancada ni con los encargados de planilla, como afirma en el video noticioso. Tampoco se puso a pensar si esta información, de no ser cierta, podía afectar profesional o personalmente al citado funcionario, dando nombre, apellido y generalidades sobre las cifras salariales.
¿Fue una novatada de la diputada? No, ya que había ejercido como suplente en el período pasado. ¿Abuso de poder, conducta impulsiva o ambas? Decida el lector, pero este incidente que por su corta vida en las redes sociales pasó casi desapercibido para muchos, es un ejemplo más de lo vulnerable que somos ante la clase política y el poder mediático que tienen, con el cual, en pocos segundos pueden acabar con la honestidad e integridad de cualquier ciudadano.
El autor es ciudadano.
