Los influenciadores han existido desde siempre, la historia los recuerda como ilustres personajes que dejaron aportes significativos al desarrollo de la humanidad: los inventores, filósofos, pintores, escultores, políticos, comunicadores, en fin; todos tenían seguidores que buscaban aprender de ellos u obtener algún beneficio que los hiciera mejorar como seres humanos.
Hablar de influenciadores me hace recordar con cariño a la maestra Enilda de De León, que por más de 25 años ha sido maestra de los seis grados en la escuela primaria multigrado de Peña Blanca, en La Chorrera. Hoy día, las sugerencias de la maestra para la comunidad son respetadas y muchos de sus exalumnos, hoy padres de familia e incluso profesionales, buscan en su conocimiento una guía para la vida. Ella es un ejemplo vivo de un influenciador.
Con esta reflexión busco enviarles un mensaje honesto y respetuoso a los “influenciadores modernos” que con un celular y cientos de miles de seguidores en redes sociales convierten en tendencia cada cosa que hacen, dicen o sugieren hacer: usen su influencia para compartir cosas que los han ayudado a ser mejores y que puedan construir una sociedad aún mejor, aunque no sea tan divertido o esté fuera de moda. Está en sus manos ser recordados como un influenciador que aporta, más allá que el que hace maromas en redes sociales.
A mis vecinos, la sociedad, como a aquellos que buscan a la maestra Enilda por la guía que pueda compartirles, busquen y sigan a los “influenciadores modernos”, aquellos que puedan aportarles una mejoría a sus vidas, y démosle valor a nuestros perfiles en redes sociales, para no ser solo uno de los muchos “K” de un maromero que no influye en nada bueno para los seres humanos.
Sin ofender a nadie, les dejo este consejo, con cariño, a los influenciadores e influenciados.
El autor es periodista