Una de las profesiones más añoradas por los panameños en la actualidad es ser un político electo por el voto popular, y esto lo vemos por la cantidad de personas que participan en actividades de elecciones primarias y luego elecciones generales. La verdad es que no es malo el deseo, ya que tiene buena remuneración y un supuesto prestigio.
Hoy día, lamentablemente, no se cuenta con este prestigio dentro de la profesión, y creo que por todos los sectores de la vida cotidiana pueden verse y escucharse opiniones en contra de los famosos diputados, ya que frecuentemente se les liga a escándalos de pagos de cuantiosas sumas de dinero por favores o decisiones (incluso televisadas), exoneraciones de impuestos de automóviles, escándalos morales, alianzas meramente electoreras, etc.
A pesar de la pérdida de este prestigio, ¿por qué aspiran tantos a estos puestos? La respuesta es sencilla: tienen los salarios más altos de un servidor público, el cual tiene derechos y privilegios, pero con deberes muy fácilmente burlables; vemos que si no va a su trabajo, si no habla en los debates, si no propone leyes (que es su verdadero trabajo), si no consulta con sus electores (solo lo hacen con el CEN de su partido) para la toma de decisiones, de igual manera recibe su quincena completa y el resto de sus prebendas.
Claro que un trabajo con todas estas conveniencias nadie lo dejaría y veremos que todos aspiran a una reelección, sobre todo con un pueblo que no tiene la madurez política de saber elegir. La tendencia creciente es que los aspirantes que no salen en las primarias de sus partidos y no son postulados, optan por cambiarse de tolda política para poder correr. En este momento me pregunto si una persona para inscribirse en un partido político lo hace es por las convicciones en las doctrinas y postulados de este colectivo, y más si aspira a representar a dicho colectivo en una elección, ¿cómo puede tan fácilmente cambiar a otra tolda con otros principios? Creo que en este momento es que podemos hablar de la falta de integridad política y moral de nuestros politiqueros.
El negociado de la política lo podemos observar en las inversiones inmensas que se hacen en publicidad, que, por supuesto, deben ser recuperadas durante el periodo que se destacan como presidentes, diputados, alcaldes, representantes, y de no salir existe el compromiso de ocupar un puesto público para recuperarse económicamente y esto ayudado por su colectivo. Este aspecto los hace muy susceptibles a la corrupción o ser comprados; esta es una razón para regular las publicidades de las campañas y los donantes que a la vez van a sumirnos en la vorágine de rapiña de la repartición del poder económico del gobierno, aparte de que reciben un gran subsidio electoral que es dinero que debe ser invertido en reales necesidades sociales del país.
Ni hablar de la transición en el poder, ya que podemos ver que en el periodo posdictadura, los gobiernos se han sucedido en la administración del Estado, en la que podemos observar un buen trabajo en los dos a tres primeros años, pero en los últimos años se dedican a realizar acciones más encaminadas a sus partidos o intereses personales y cometen errores que parecieran orientarse a darle la oportunidad de un cambio de gobierno.
La integridad es un valor que se ha ido perdiendo en este país, es necesario rescatarlo, pero lamentablemente es un problema del núcleo familiar y principalmente de título personal; es necesario que cada uno de nosotros participemos eligiendo a las personas que creamos que son las más íntegras y que harán lo mejor por el país.
El autor es médico