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REFORMAS CONSTITUCIONALES

La juventud...

Hace medio siglo, estuvo de moda una canción del argentino Palito Ortega, y salió esta semana del cajón de mi memoria. El título de aquella pieza era “La juventud sabe a donde va”. Se escuchaba regularmente en mi casa, supongo que porque le gustaría mucho a mi mamá, quien era la encargada de comprar discos en aquel entonces.

El caso, es que la dichosa cancioncita me vino a la mente, a raíz de lo que hemos vivido como consecuencia de las “deformas constitucionales” que se han sacado de la túnica albugínea nuestros preclaros y descarados padres de la patria.

Desde la campaña política, la necesidad de cambiar la Constitución parecía una prioridad para la mayoría de los candidatos. Con diferentes métodos, casi todos coincidían en que esa ley fundamental, requiere cambios profundos y que había que llevarlos a cabo.

Al ganar el presidente Cortizo, opta porque la Asamblea reforme la carta magna en dos legislaturas, para luego aprobar en referéndum lo propuesto. Convoca a esa estructura con escasa representatividad real que hemos dado a llamar “Concertación” y que saca un proyecto de reformas, enfocadas en modificar a los órganos judicial y legislativo. Al pasarle el proyecto al ejecutivo, para sorpresa de todos, lo envían a la Asamblea tal cual lo recibieron.

Aquello resultó poner a las ratas a cuidar la quesería. Desde el día uno, se tomaron en serio su “derecho constitucional” de modificar la propuesta, y comenzaron a destruirla y enredarla con la evidente intención de sacar un mamotreto inaceptable para todos, que garantizara el rechazo en el referéndum, asegurando que todo siga exactamente igual que ahora.

Entre las maravillas modificadas, metieron la restricción al matrimonio igualitario que se había dejado por fuera expresamente, se asignaron funciones de modificar el presupuesto, se blindaron judicialmente con el engendro de un fiscal especial que depende de ellos para investigar a los procuradores, quienes a su vez los investigarían a ellos. Se podrían subir el sueldo cuando les diera la gana, y se podrían reelegir solamente una vez, pero comenzando desde el 2024, lo cual les permitiría a ellos mantenerse en el puesto cinco años más. O sea, toda una tesis de “juega vivo” panameño.

Todo esto, simultáneamente con vergonzosas intervenciones de los diputados quienes, protegidos por la asquerosa inmunidad parlamentaria, insultan y difaman a quien les de la gana. Las intervenciones han estado plagadas de xenofobia y homofobia, con una rambulería que ya no sorprende a nadie.

Pero lo que no contaban, era que “la juventud” tomaría el papel protagónico en todo este asunto. Desde el primer momento, los jóvenes, se apoderaron de la convocatoria de las protestas, inundaron las redes sociales de consignas contra las reformas, y le exigieron a la Asamblea que eliminaran todos esos privilegios que se pusieron simplemente porque se sienten intocables.

En respuesta a ciertas reyertas que parecieran obedecer a otras agendas, la policía respondió con una represión de esas que nos hacen recordar los mejores tiempos del PRD goriloide. Se arrestaron manifestantes y se les abrieron expedientes, buscando amedrentarlos para que no siguieran protestando. Pero, no contaban con que estos grupos funcionan diferente a lo que ellos están acostumbrados. A través de comunicaciones por redes sociales, y consignas claramente definidas, han seguido protestando pacíficamente, hasta que han logrado ser escuchados. Incluso, protestas nocturnas y en fines de semana largos, lo cual es toda una novedad en Panamá.

Se les convocó a la presidencia pero, como “la separación de poderes no permite al presidente cambiar las reformas de los diputados”, nadie tomó aquello muy en serio. El jueves, lograron que una delegación expusiera sus puntos de vista al legislativo. Ese día, aquellos “jovencitos”, dieron una cátedra de seriedad, en intervenciones que tenían como punto común el interés por el país, sin egoísmos pensando en cómo ellos se beneficiarían. Además, con la calidad de las intervenciones y la forma de expresarse, apetecía pedirle a los diputados que entregaran sus curules en aquel momento a aquellos jóvenes respetuosos y preocupados por el futuro. Incluso, personas con posiciones divergentes sobre temas específicos, mostraron respeto y voluntad de diálogo, exactamente lo contrario a la mayoría de los inquilinos del palacio legislativo.

Veremos como termina todo. Yo sospecho que no será fácil doblegar a esos jóvenes, que están dando una lección de civismo y compromiso. Por eso, volvemos al estribillo de la canción de marras: La juventud ja ja/la juventud ja ja/sabe lo que quiere/sabe donde va...

El autor es cardiólogo 


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