En ocasiones, el vínculo intrínseco entre la democracia, la transparencia y los derechos humanos puede sonar como algo etéreo e inconsecuente. La magnitud de esta troika todavía resulta elusiva a gran parte del foro nacional. Incluso desde este espacio puedo parecer algo reiterativo al reafirmar constantemente su importancia. Por lo tanto, esta columna propone un ejercicio diferente, al presentar una “moraleja” y un análisis de la realidad geopolítica regional para sustentar su importancia.
La moraleja nos lleva a Filipinas, al Museo de los Héroes, erigido para preservar la memoria de la dictadura de Ferdinand Marcos y los sacrificios realizados por el pueblo filipino en favor de la democracia. El futuro del museo es incierto, pues en unos meses tomará posesión el presidente electo de Filipinas, Ferdinand Marcos, Jr., el hijo y heredero político del antiguo dictador. La vicepresidente electa (en una elección separada), Sara Duterte, es la hija del presidente saliente, Rodrigo Duterte, el mismo que amenazó con retirar a Filipinas de Naciones Unidas, quien actúo en ese mismo sentido contra la Corte Penal Internacional y quien, se presume, ordenó la comisión de atrocidades en contra de supuestos narcotraficantes en una suerte de purga. Se trata de un escenario en el que se está fraguando una fusión de dinastías políticas con un historial terrible que incluye atrocidades, corrupción y autoritarismo en un sistema con resabios de la dictadura, en donde prevalece la opacidad, la corrupción y el desprecio por los derechos humanos. La moraleja es bastante evidente, el heredero del dictador, Bongbong Marcos, llegó al poder por la vía democrática, y, paradójicamente, podría accionar en contra de los derechos humanos, la transparencia y la democracia misma. En escenarios de esta naturaleza, la democracia no es suficiente, debe estar acompañada de los otros dos elementos que conforman la troika, la transparencia y los derechos humanos.
La situación regional actual no escapa de esta moraleja. Prueba de ello son los acontecimientos recientes vinculados a la IX Cumbre de las Américas, los cuales nos plantean una realidad geopolítica compleja que también reitera la importancia de la referida troika. Mientras había quienes calificaban la cumbre como “maltrecha” por la negativa estadounidense en invitar a Cuba, a Venezuela y a Nicaragua, Estados cuyos regímenes aborrecen los estándares regionales de democracia, transparencia y derechos humanos, se produjeron tres acontecimientos notables que marcarán un antes y un después en el ejercicio de las relaciones recíprocas a nivel hemisférico.
En paralelo a la Cumbre de las Américas se produjeron dos desarrollos que deben preocuparnos: Ortega gestiona el ingreso a Nicaragua de fuerzas rusas y Maduro firma un convenio con Irán.
En el marco de la cumbre, un hecho importante fue la firma de un memorándum de entendimiento en apoyo al Corredor Marino del Pacífico Este Tropical entre Estados Unidos, Colombia, Costa Rica, Ecuador y Panamá. Más allá de sus loables objetivos medio ambientales y mis consideraciones jurídicas respecto este tipo de acuerdos, el mismo prevé un marco de colaboración para responder a la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada. Esta iniciativa busca hacer frente, principalmente, a las actividades extractivas de las flotas pesqueras chinas en la zona económica exclusiva de estos países, siendo el caso más reciente -3 de junio- la alerta sobre una posible incursión cerca de las islas Galápagos de Ecuador.
En paralelo a la cumbre se produjeron dos desarrollos que deben preocuparnos. El primero siendo la solicitud del dictador nicaragüense Daniel Ortega al parlamento de su país, mediante “trámite de urgencia”, para que ratifiquen el ingreso a territorio nicaragüense, a partir del 1 de julio próximo, de tropas, naves y aeronaves de las fuerzas armadas de la Federación Rusa, así como de militares venezolanos y cubanos. En principio las actividades rusas se centrarían en operaciones “en contra de ilícitos” en aguas territoriales nicaragüenses. Lo anterior es especialmente preocupante para Panamá, ya que a través de sendos litigios ante la Corte Internacional de Justicia en contra de Colombia y Costa Rica, Nicaragua ha ido expandiendo sus aguas jurisdiccionales. Esto ha traído como resultado un posible traslape entre las aguas jurisdiccionales panameñas y nicaragüenses. Ante esta realidad, no es difícil imaginar ver a tropas, naves o aeronaves rusas incursionando en aguas territoriales panameñas, pues se trata de una frontera marítima no definida por tratado.
El segundo desarrollo fue la firma entre Venezuela e Irán de un convenio de cooperación estratégica por 20 años. Aunque todavía no se cuenta con mayores detalles sobre el contenido del mismo, según el dictador Nicolás Maduro, se trata de una alianza que forjará “una amistad indestructible” y que abarcará “todas las áreas”. Debido al dilema nuclear iraní, a los conocidos vínculos entre Irán e Hezbollah, y a las operaciones y atentados perpetrados por este grupo terrorista en la región, es fundamental permanecer vigilantes ante este nuevo desarrollo.
Tal y como lo ejemplifica la moraleja y la realidad regional, la realización del vínculo indisoluble entre la democracia, la transparencia y los derechos humanos es una tarea apremiante para los países de la región. En la medida en que realicemos la importancia de esta troika, estaremos mejor preparados para hacer frente a los desafíos que representan el expansionismo y el intervencionismo extracontinental, así como el autoritarismo, la corrupción y la deshumanización de la política regional.
El autor es abogado y profesor de derecho internacional

