Donald Trump no figuraba en la papeleta, pero él mismo convirtió las elecciones legislativas de medio término en un referéndum sobre su presidencia. Los votantes aceptaron el desafío y emitieron un veredicto devastador. La derrota republicana rebasa el desgaste habitual del oficialismo en estos comicios y expresa un rechazo contundente a un presidente que interpretó su victoria de 2024 como una autorización para gobernar sin límites.

El escrutinio continúa, pero los demócratas ya han asegurado el control de ambas cámaras del próximo Congreso. En la Cámara de Representantes, el balance provisional publicado por Fox News a partir de los resultados de Associated Press les atribuye 254 escaños, 36 por encima del umbral de la mayoría. Los republicanos suman 162 y quedan 19 por definir. En el Senado, el bloque demócrata reúne 54 escaños, incluidos los de dos independientes, frente a 44 republicanos. Las contiendas de Alaska y Misisipi siguen pendientes. A falta del recuento definitivo, la magnitud del castigo a Trump y a su partido ya es clara. El tsunami azul marca un cambio radical de ciclo político en Washington.

El costo de vida y el rechazo a la corrupción

Dos demandas confluyeron en la victoria demócrata. La primera, affordability, se medía en el alquiler, las facturas de servicios, la compra semanal, los gastos médicos y el precio de llenar el tanque. La guerra de elección de Trump contra Irán encareció la energía y contribuyó al repunte de la inflación. El vicepresidente JD Vance atribuyó a este conflicto un peso decisivo en el revés republicano. “La razón por la que perdimos es la guerra”, escribió al día siguiente de las elecciones. Ignorar el efecto corrosivo de la inflación sobre el bolsillo de la gente tuvo un altísimo costo electoral.

La segunda, accountability, tenía que ver con el ejercicio del poder. Los conflictos de intereses en el entorno presidencial y las sospechas de corrupción reforzaron la demanda de un Congreso dispuesto a investigar, exigir explicaciones y poner límites al Ejecutivo. Ambas preocupaciones se reforzaron mutuamente.

Al devolverles la mayoría, los votantes encomendaron a los demócratas dos tareas. Deben contribuir a que los ingresos de los hogares rindan más y usar las facultades del Congreso para exigir cuentas a la Casa Blanca.

El giro entre los jóvenes y los latinos puso de relieve la fragilidad de los avances republicanos de 2024. Según la encuesta nacional de Associated Press, alrededor de siete de cada diez votantes menores de 30 años y seis de cada diez votantes latinos respaldaron a candidatos demócratas a la Cámara de Representantes.

El giro de los independientes ayuda también a explicar la magnitud de la derrota republicana. Su respaldo dio a los demócratas una mayoría para actuar. Conservarla dependerá de cómo respondan a las dos demandas que hicieron posible su triunfo. El tsunami fue azul en el reparto de escaños, pero buena parte de su fuerza provino de votantes independientes que pueden cambiar su voto si los demócratas incumplen. En las urnas, el rechazo a Trump y a los republicanos pesó más que el respaldo a los demócratas.

La derrota que Trump se buscó
La victoria demócrata

El poder del voto para corregir el rumbo

Estas elecciones mostraron su capacidad para corregir los excesos del poder cuando hay competencia efectiva y los votos se traducen en representación. Toda mayoría confiere un mandato temporal, sujeto a controles y a revisión.

Los comicios también evidenciaron los límites del dinero. Según AdImpact, el gasto electoral rozó los 12.000 millones de dólares en una campaña marcada por el costo de vida. Elon Musk aportó cerca de 500 millones durante el ciclo electoral en apoyo de los republicanos, que sufrieron una derrota contundente. Sin embargo, esa cantidad obscena de dinero no logró evitar una aplastante derrota.

El revés alcanzó a las grandes tecnológicas. Ganaron numerosos candidatos favorables a regular los centros de datos y varias consultas locales avalaron restricciones. Su consumo de electricidad y agua vinculó la expansión de la inteligencia artificial con el costo de vida y los recursos locales. Los votantes reclamaron un reparto más equitativo de sus beneficios, claridad sobre sus costos y escrutinio público de las decisiones que afectan a sus comunidades.

La oposición: caminar y mascar chicle al mismo tiempo

Los demócratas afrontan un doble desafío. Deben combinar affordability y accountability: hacer la vida más asequible y exigir cuentas al poder. También tendrán que articular al sector moderado con el ala progresista, incluidos los socialistas democráticos. La coalición de rechazo debe convertirse en una mayoría capaz de actuar.

La asequibilidad debe ordenar la agenda económica. Aquí comienza la prueba del delivery: cumplir con lo prometido. Cada iniciativa deberá explicar qué resuelve, cuánto cuesta y cómo se financiará.

La rendición de cuentas requiere idéntica disciplina. Investigar conflictos de interés, posibles actos de corrupción, enriquecimiento vinculado al cargo y utilización partidista de las instituciones exigirá establecer hechos y determinar responsabilidades políticas.

Los demócratas tendrán que caminar y mascar chicle al mismo tiempo. Si solo investigan, defraudarán a quienes esperan llegar a fin de mes. Si eluden los abusos para evitar conflictos, incumplirán su obligación constitucional. Ambas agendas se refuerzan mutuamente. En 2028, tendrán que explicar qué hicieron con el poder que los votantes les devolvieron.

Los límites de la mayoría demócrata

En el sistema presidencial estadounidense, la victoria demócrata en el Congreso abre dos años de gobierno dividido. Las nuevas cámaras asumirán el 3 de enero y Trump seguirá en la Casa Blanca. La mayoría demócrata podrá investigar, condicionar el gasto y bloquear iniciativas. Para sacar adelante su agenda legislativa necesitará acuerdos. Trump ya ha amenazado con recurrir al veto cuando no esté de acuerdo. Superarlo exige dos tercios de los votos en cada cámara, un umbral que los demócratas no alcanzan por sí solos.

Esos límites obligan a distinguir entre los avances negociables y las reformas que requieren un respaldo más amplio. Reducir los gastos esenciales de los hogares, proteger el acceso a la atención médica, fiscalizar los abusos en la aplicación de la política migratoria e impedir el uso del cargo público para el enriquecimiento privado son prioridades. Los votantes juzgarán cómo ejercen el poder que les confiaron.

La cohesión demócrata será decisiva. Los moderados ayudan a tender puentes con los independientes y a competir en distritos disputados. Los progresistas impulsan reformas y movilizan a quienes reclaman respuestas a la desigualdad.

La derrota que Trump se buscó
Diez hitos electorales

El poder que aún conserva Trump

Sería un grave error confundir debilitamiento con impotencia. Trump dispone aún de casi dos meses con un Congreso republicano y luego afrontará dos años ante una mayoría adversaria. La derrota merma su autoridad política y su margen de maniobra, pero conserva el veto, la facultad de dictar órdenes ejecutivas, el control de la administración y amplia libertad de acción en política exterior. Poco inclinado a asumir un papel pasivo, Trump puede convertirse en un «pato cojo» furioso e impredecible. El nombramiento de Stephen Miller como jefe de gabinete el viernes parece apuntar más a la confrontación que a la concertación. Las próximas decisiones de Trump mostrarán hasta dónde está dispuesto a llegar.

También habrá que observar la relación entre MAGA, el Partido Republicano y sus aspirantes presidenciales. A estos les costará diferenciarse de Trump sin perder a sus seguidores. Pese a la reciente derrota, sería prematuro decretar el ocaso del trumpismo.

En política exterior, los presidentes estadounidenses suelen buscar en sus dos últimos años de mandato logros que afiancen su legado. Trump conserva la iniciativa, aunque un Congreso opositor puede limitar su margen de acción. Sus principales pruebas serán, entre otras, la guerra con Irán, el papel de Washington en Ucrania y la rivalidad estratégica con China. En América Latina, la atención se centrará, en principio, en México, Venezuela, Cuba y Brasil. La “ola naranja” conservadora, que encadenó siete victorias electorales en la región entre 2025 y 2026, mostró sus límites en apenas diez días, primero con la reelección de Lula, que reconfiguró el equilibrio regional, y luego con la derrota legislativa de Trump.

Los votantes tienen la última palabra

La democracia estadounidense ha demostrado que conserva resiliencia y la capacidad de corregir los excesos del poder. Es una buena noticia que hay que celebrar. Las urnas han abierto la posibilidad de restablecer los contrapesos. Ahora corresponde a los demócratas usar su mayoría en el Congreso para poner límites al poder presidencial, adoptar medidas concretas que alivien el costo de vida y combatir la corrupción.

Los votantes que castigaron a los demócratas en 2024 y ahora a Trump conservan la última palabra. Si la nueva mayoría defrauda las expectativas que la devolvieron al poder, también ella responderá en las urnas. La carrera por la Casa Blanca en 2028 ya ha empezado. Para los demócratas, la primera prueba está en el Congreso.

El autor es director y editor de Radar LATAM 360. @zovatto55