Resulta curioso que, teniendo el PRD un número de inscritos que supera el medio millón, menos de la mitad de ese total vote por sus candidatos presidenciales.
Otro hecho curioso es que el PRD se autoproclama socialdemócrata y está adscrito a la Internacional Socialista, pero el discurso de sus candidatos dista mucho de esa orientación ideológica.
En dicho partido existe o existió una corriente que se identificaba como de izquierda, muchos seguidores del marxismo (la Tendencia), que establecía una especie de balance, reforzando a lo interno el pluralismo ideológico.
Este sector, llamado Tendencia, hay que decirlo, estaba conformado por profesionales de amplia trayectoria académica.
Muchos fueron llamados a conformar puestos clave en los distintos gobiernos del PRD.
Con visión crítica y propulsora de cambios, la Tendencia, en su mayoría, compartió muchos aspectos teóricos de Carlos Marx y Federico Engels.
De acuerdo con Engels, existen tres leyes que impulsan el cambio y el desarrollo.
La primera ley sostiene que la lucha de los contrarios es el motor principal del desarrollo.
El punto es que dentro del PRD no existe una oposición o postura crítica hacia quienes los coordinan o dirigen.
Salvo unas pocas figuras, como la del exsecretario general del colectivo Pedro Miguel González, el resto es una especie de muchedumbre solitaria que no sabe a ciencia cierta cuál es el futuro que les depara.
En la segunda ley, del tránsito de la cantidad a la cualidad, la verdad es que no se ha percibido un cambio de calidad en su dirigencia, pues casi los mismos de hace décadas son los que controlan el partido.
Las líneas políticas ya no se toman en consenso ni desde el directorio o Consejo Ejecutivo, sino que ahora las determinan sus diputados, que han convertido al partido en su negocio personal. Esto quiere decir que los intereses de los diputados y sus ansias de perpetuarse en el poder reemplazaron el relevo generacional que tanto pregonó Omar Torrijos Herrera, líder espiritual y fundador del PRD.
La tercera ley dialéctica que el PRD se saltó es la negación de la negación. Esta muestra cómo un estado o realidad es reemplazado por otro para impulsar el cambio positivo.
La verdad es que en el PRD no se vislumbra nada nuevo o un indicio que señale que hay avance y no retroceso.
En las propias palabras de Pedro Miguel González, el PRD debió convertirse en el líder de la oposición en la Asamblea Nacional e incluso hacer una alianza estratégica con la coalición Vamos.
Pero sus diputados se han dedicado, en un lenguaje de chabacanería y prepotencia, a atacar a los diferentes diputados de Vamos.
Existe en psicología un principio que resalta el hecho de que las personas generalmente se identifican con el más débil o el que es agredido, y el PRD ha hecho en la Asamblea precisamente lo que la coalición Vamos necesita: una plataforma para responder a los ataques y fortalecer su espacio.
¿Es que acaso los flamantes asesores del PRD, que me imagino son muchos, no pudieron tener el olfato o la visión que les hace falta a los diputados perredistas?
La imagen que proyectan en la Asamblea les pasará factura más temprano que tarde.
Es curioso, por otra parte, que el Partido Panameñista resaltó errores en sus decisiones en cuanto al proyecto de reformas electorales y mantenga ahora un perfil bajo en este tema.
Pero, volviendo al tema del PRD, que se ajusta con precisión a la «Crónica de una muerte anunciada», de Gabriel García Márquez, todo pronostica que sus días como uno de los partidos más fuertes están próximos a llegar a su final.
Igual que una supernova, que brilla en su momento y luego emite leves destellos hasta que finalmente se apaga y explota, solo dejando el rastro de lo que un día fue, el destino del PRD parece inevitable.
El autor es sociólogo y docente panameño



