¿Qué nos hace más felices: comprar algo nuevo o vivir una experiencia que recordaremos toda la vida?
Históricamente, la satisfacción del consumo se asociaba con la adquisición de bienes materiales. Sin embargo, cada vez más consumidores destinan parte de sus ingresos a viajes, conciertos y otras experiencias, en busca de recuerdos, conexiones y emociones que perduren. Esta transformación refleja una nueva percepción del valor, en la que también importa cómo nos hace sentir una compra, los recuerdos que construimos y el significado que adquiere en nuestras vidas.
Este fenómeno se conoce como economía de las experiencias. El concepto fue acuñado por Joseph Pine y James Gilmore a finales de los años noventa para explicar cómo las empresas generan valor al ofrecer experiencias memorables, más allá de sus productos y servicios.
Más de dos décadas después, la pandemia dio un nuevo impulso a esta tendencia. Millones de personas vivieron situaciones impensables: fronteras cerradas, cuarentenas en casa, restaurantes vacíos y reuniones familiares aplazadas. Entonces, aquello que siempre creímos que podríamos hacer “después” dejó de estar garantizado.
Compartir una comida en familia, asistir a una feria local, participar en actividades culturales, ir a un concierto o viajar para presenciar un evento son ejemplos de cómo las experiencias adquieren valor por los recuerdos y las emociones que generan, más allá de su precio.
Las cifras también reflejan esta tendencia. Una encuesta de KPMG publicada en 2026 señaló que el 54% de los consumidores estadounidenses interesados en viajar busca hacerlo para disfrutar de una experiencia o asistir a un evento específico. El dato es relevante para Panamá, donde, según la Administración de Comercio Internacional de Estados Unidos, los hábitos de consumo y las preferencias de marca suelen seguir patrones estadounidenses, especialmente entre los segmentos de ingresos medios y altos.
El crecimiento del turismo también abre oportunidades para la economía de las experiencias en Panamá. Durante el primer semestre de 2026, el país recibió aproximadamente 1.76 millones de visitantes internacionales, un 17.4% más que en el mismo período de 2025. Los ingresos turísticos también aumentaron un 14.7% interanual, hasta alcanzar cerca de $3,792 millones.
Tradicionalmente, elegíamos un destino y luego buscábamos qué hacer allí. Ahora, en muchos casos, el proceso es inverso: queremos asistir a un concierto, disfrutar de una experiencia culinaria, correr una maratón o presenciar un partido, y organizamos el viaje en función de ese acontecimiento.
El turismo es solo una de las manifestaciones de esta transformación. Restaurantes inmersivos, festivales, gimnasios especializados, retiros de bienestar y espacios de encuentro buscan atraer a consumidores dispuestos a invertir tiempo y dinero en nuevas experiencias. En estos negocios, las emociones y los recuerdos asociados con una marca pueden motivar a los clientes a regresar, recomendarla y establecer una relación duradera con ella.
Esta tendencia representa una oportunidad para Panamá. Un estudio de PROMTUR Panamá presentado en septiembre de 2026 identificó la naturaleza, la cultura y la gastronomía entre los principales atractivos para viajeros de siete mercados internacionales. A esto se suma la conectividad del país, que el Mastercard Economics Institute destaca al posicionar a Ciudad de Panamá como uno de los principales centros aéreos de América Latina.
Para los emprendedores, las comunidades y las empresas panameñas, la oportunidad está en crear experiencias originales y memorables que les permitan diferenciarse, atraer nuevos clientes y generar recomendaciones que impulsen su crecimiento.
Al final, un objeto puede perder valor, romperse o quedar olvidado en un armario. Una buena experiencia también termina, pero sus recuerdos pueden acompañarnos durante años. Quizás por eso algunas de nuestras mejores inversiones no se miden únicamente en dinero, sino también en los momentos que vivimos.
La autora es licenciada en Administración y Dirección de Empresas, con un minor en Psicología.



