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La enyardada digital

La enyardada digital

Llegó el momento en que el Gobierno quiere tomar su parte de las compras en plataformas digitales: el 7% del valor de la adquisición por el Impuesto a la Transferencia de Bienes Corporales Muebles y la Prestación de Servicios (ITBMS). Lo harán con Amazon, Temu, Airbnb, Netflix y Spotify. Esas son las más conocidas, pero supongo que el pago también se extenderá a servicios menos sexis, pero de uso diario: Word, Excel, PowerPoint, Adobe, antivirus, VPN, firewalls y muchos servicios más. Quizás también por el uso de la nube, la inteligencia artificial, servicios de pago en redes sociales y hasta los juegos en línea, solo para comenzar.

Las posibilidades son infinitas y por eso el optimismo del Gobierno: al menos $100 millones al año solo por el cobro del ITBMS al comercio digital. Cálculos conservadores, dijo el ministro de Economía y Finanzas, Felipe Chapman. Y aunque aclaró que el impuesto no es nuevo —obviamente—, lo que sí es nuevo será el encarecimiento de la vida en el peor momento. Como si fuera poco, los contribuyentes no tendremos una contraprestación: seguiremos con las mismas calles hechas un queso suizo, sin medicinas, con la peor educación del continente y con una gestión pública que empeora con cada nombramiento. Ni siquiera contamos con un buen servicio postal. Los correos se pueden cerrar ya y nadie lo notaría, porque, al igual que la educación, se perdieron en el siglo pasado.

Sí, hay que buscarlos en el siglo pasado. Los correos están tan atrasados que sus reglamentos son jurásicos. Por ejemplo, prohíben enviar por correo “objetos obscenos o inmorales”. ¿Quién califica qué es un objeto inmoral? ¿Un cura? ¿Una monja? ¿El perico de las periquitas? ¿Beny, el garañón? ¿Y cómo sabrán lo que es inmoral si el contenido está en envoltorios que no permiten ver su interior? ¿Los condones son objetos inmorales? ¿Los CD con las películas de Samuel L. Jackson son obscenos? ¿Las tangas e hilos dentales son inmorales? La pregunta no es retórica. No es lo mismo zorra que zarigüeya.

El reglamento de los correos también informa que excepcionalmente se admitirá correspondencia que contenga “abejas, sanguijuelas y gusanos de seda”. Sería difícil embalar a un diputado declarándolo sanguijuela, pero dudo que alguna vez se haya enviado un gusano por correo, así que nada se pierde. Pero, volviendo al tema, ¿por qué pagar más impuestos si ni siquiera pueden explicar qué hacen o cómo se gastan los que reciben actualmente?

La platita les está faltando y nos crucifican con más impuestos, pero diputados y hasta magistrados no los pagan cuando compran sus carros de lujo, y exoneran de impuestos a poderosas empresas que pueden pagarlos perfectamente. Les pagan subsidios —obtenidos de nuestros impuestos— a arroceros que ganan millones al año; los políticos se apropian de valiosas playas y tierras del Estado por las que pagan el equivalente a una botella de seco que luego ellos mismos se la chupan. Otorgan créditos fiscales a empresas que luego los venden y estafan a ancianos quedándose con un porcentaje del dinero de los Cerpan y Cepanim. Hasta los muertos deben esperar años para cobrar lo que les deben.

Le dan publicidad estatal a empresas que no pagan sus cuotas obrero-patronales, pero a nosotros nos persiguen hasta la muerte por una infracción de tránsito. Le dieron exoneraciones fiscales a Hutchison y ahora nos demanda por centenares de millones. Odebrecht nos robó el nombre, la manera de caminar y el sancocho, pero nadie le cobra su multa; el lavador de dinero se da la gran vida sin pagar su multa de $19 millones... y tampoco nadie se la cobra; el fondo marino de nuestras costas se alquila por centavos y los concesionarios ganan millones. La mina pretende vender cobre, oro y molibdeno por miles de millones de dólares y a nosotros nos darán palas y picos para que estemos en forma, porque eso de trabajar en pupitres, ¡qué va! Eso es solo para ellos y sus influencers, que ganarán más que el Estado al hablar a su favor o contra sus críticos.

Nos querían obligar a comprarle biocombustible a cuatro bellacos con ingenios, pero ellos serían —durante años— exonerados de los impuestos de importación, de la renta y hasta del ITBMS, ese mismo que nos quieren clavar ahora en las compras digitales. Entonces, ¿qué buena razón tenemos para pagar más impuestos si hay tanto privilegiado? Lo siento y protesto. No puedo estar de acuerdo con estas escandalosas desigualdades, porque esto se siente como otra gran enyardada... como siempre.


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