El viernes 9 de octubre, a las 12:56 p.m., tembló el país entero. El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá midió una magnitud de 7.5, con epicentro cerca de Tonosí. Esa noche hubo familias de Los Santos y de Veraguas que durmieron fuera de sus casas.

Su miedo es razonable. A quien todavía no sabe cómo quedó su casa le sirve de poco oír que las torres de la capital se portaron bien. La recomendación del Sinaproc es no entrar a un edificio hasta que lo verifiquen.

Quienes saben dicen que así fue, y hay mérito en eso. Panamá tiene desde 1984 un reglamento estructural obligatorio. El balance oficial del sábado 10 por la tarde no registraba fallecidos.

No soy ingeniero ni sismólogo, y escribo como un ciudadano más. Trabajé cinco años en comunicaciones en la oficina regional para las Américas de lo que hoy es la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR). Mi conocimiento e interés en el tema nacieron ahí.

El balance hasta ahora es de al menos 1,300 viviendas y 619 escuelas oficiales con algún daño. Además, unas 67 instalaciones sanitarias afectadas. Son cifras en evolución. Es pronto para saber por qué se dañó en cada edificio, y eso lo dirán las evaluaciones en curso.

En los años en que trabajé en la UNDRR, esa oficina impulsó con la Organización Mundial de la Salud dos campañas: “Hospitales seguros frente a los desastres” y “Un millón de escuelas y hospitales seguros”. Pedían que la escuela y el hospital siguieran funcionando el día después, que es cuando más falta hacen.

En octubre de 2011, en la ciudad de Panamá, 18 gobiernos firmaron una declaración sobre el riesgo de desastres en la educación, y el Ministerio de Educación de Panamá estuvo entre los firmantes. Uno de los compromisos dice: “Implementar una política de evaluación y mejora permanente de la infraestructura educativa existente” (Declaración de Panamá, 14 de octubre de 2011). El ministerio tiene brigadas en las escuelas y una dirección de gestión de riesgos.

Para los hospitales, un decreto de noviembre de 2015 creó la Comisión Nacional de Hospitales Seguros frente a Desastres. En mayo de 2025, el Ministerio de Salud anunció en Coclé la primera de una serie de evaluaciones con el Índice de Seguridad Hospitalaria de la Organización Panamericana de la Salud, que pone a cada hospital en la categoría A, B o C según la probabilidad de que siga funcionando en una emergencia.

Busqué si los resultados están publicados. A muchos nos gustaría poder leerlos, hospital por hospital y escuela por escuela, con fecha y firma. Un acudiente que lee el de la escuela de su hijo lo manda a clases más tranquilo.

Con las viviendas es distinto. El permiso de construcción lo da cada municipio. La Ley 106 de 1973 dice que los municipios “podrán crear” el cargo de ingeniero municipal, sin obligarlos. El Marco de Sendai, que Panamá adoptó, pide revisar los códigos de construcción y “reforzar la capacidad para implementar, supervisar y hacer cumplir esos códigos” (Marco de Sendai, párrafo 30 h, 18 de marzo de 2015). En marzo de este año, los países reunidos por el Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres en América Central y República Dominicana (Cepredenac) dijeron que esa capacidad sigue siendo limitada en los municipios de la región.

Exigir mayor supervisión cuesta. En el caso de las viviendas, les cuesta a las familias que construyen y a las alcaldías, que deben contar con personal idóneo. Reforzar escuelas y hospitales se paga con los impuestos de todos.

La UNDRR y el Cepredenac llevan décadas en esto y la ciudadanía casi no los conoce. Ayudan a que los países sean más resilientes. Sus documentos hablan de preparación y de reducir el riesgo ante fenómenos naturales, pues los desastres son producto de la acción del hombre. Construir sobre un terreno inundable o sin la sismorresistencia requerida no es un fenómeno natural.

El Marco de Sendai vence en 2030. Ojalá para entonces cada escuela y cada hospital tenga su evaluación a la vista, y cada alcaldía cuente con quien revise un plano de construcción.

El autor es empresario y comunicador.