Se nos ha educado históricamente y, por qué no decirlo, adoctrinado en la idea de que la fundación de La Villa de Los Santos ocurrió el 1 de noviembre de 1569, vinculando dicha fecha al acto de rebeldía de algunos pobladores asentados a orillas del río Cubitá contra la autoridad de Natá de los Caballeros. En este sentido, es común en nuestra historia oficial reducir la existencia de las comunidades a un acta formal de fundación, a la rúbrica de un conquistador o al acto declarativo de un cabildo.
Bajo esa lógica simplista, se repite acríticamente que La Villa de Los Santos se fundó un primero de noviembre. Sin embargo, sostener que esa es la fecha cierta del origen de este histórico pueblo no solo es un error metodológico, sino un reduccionismo que invisibiliza décadas de ocupación territorial, resistencia indígena y poblamiento continuo en la península de Azuero.
La historia de la ocupación en la cuenca del río Cubitá, hoy río La Villa, no comenzó con el conocido gesto rebelde de Francisco Gutiérrez y sus acompañantes. Mucho antes de que aquellos colonos desafiaran la autoridad castellana instalada en Natá de los Caballeros, la región ya albergaba un dinamismo socioeconómico y ocupacional que algunos, de forma conveniente, prefieren olvidar.
La documentación sobre el periodo colonial y la investigación histórica respaldan esta premisa. Así lo ha acreditado categóricamente el historiador Alfredo Castillero Calvo en su obra La fundación de la Villa de Los Santos y los orígenes históricos de Azuero, en la que señala que la acción de 1569 no creó un asentamiento desde la nada, sino que pretendió institucionalizar una comunidad hispanocriolla que ya llevaba décadas establecida en el área. El propio historiador señala que la ocupación del territorio ocurrió mediante “un núcleo de población dispersa que ya tenía peso demográfico antes del acto municipal”.
En línea con lo dicho por Castillero Calvo, Arce y Sosa señalan que el gobernador Juan Ruiz de Monjaraz:
“Se trasladó al interior para inducir a los indígenas a vivir congregados en pueblos… Con ese fin se fundó a orillas del río Cubitá una población que se llamó Santa Cruz en las inmediaciones del río Parita, la de Santa Elena, bases ambas de las que más tarde se llamaron Villa de Los Santos y Santo Domingo de Parita” (Compendio de historia de Panamá, pág. 38).
Asimismo, las quejas cuyo contenido consta en el Archivo General de Indias confirman que, meses antes del supuesto hito fundacional, el Cabildo de Natá protestaba amargamente ante la Real Audiencia de Panamá, denunciando a sus “vecinos y moradores asentados al otro lado del río Cubitá” por pretender organizarse de forma autónoma.
Si vamos a tomar en cuenta un hito legal para determinar el reconocimiento formal de la existencia de La Villa de Los Santos, debemos considerar como fecha cierta de su fundación y reconocimiento el pronunciamiento emitido por la Real Audiencia el 10 de noviembre de 1573, mediante el cual otorgó a este pueblo la categoría menor de villa.
Pero vayamos más allá: ¿antes del núcleo poblacional del Cubitá no había nadie en el territorio? La respuesta es que sí había población. El sitio arqueológico de Cerro Juan Díaz, ubicado en la cuenca baja del río La Villa, registró una ocupación indígena continua de aproximadamente 1,700 años, del 200 a. C. al 1520 d. C. Por lo tanto, existían organizaciones poblacionales estructuradas mucho antes de 1569.
Sostener que el 1 de noviembre de 1569 representa la fecha cierta y definitiva de la fundación es un rigorismo insostenible e insustentable. La fundación de un pueblo es un proceso sociocultural de arraigo, no la mera firma de un acta fundacional o un acto de rebeldía. Devolver al pueblo de La Villa de Los Santos la profundidad real de su historia exige remitir su origen a sus verdaderos antecedentes: los primeros pobladores indígenas de las márgenes del Cubitá.
En este momento solo abro el debate a una discusión necesaria.



