Según la mitología griega, los terremotos y las inundaciones eran atribuidos a la ira de Poseidón, uno de los tres dioses más poderosos del panteón olímpico.
Los textos clásicos, como la Ilíada de Homero, se refieren frecuentemente a Poseidón como «el que sacude la tierra» o «el agitador de la tierra». Esta función divina explica cómo se entendían los sismos en la antigüedad.
No obstante, hoy todos sabemos que la ocurrencia de estos desastres naturales tiene una explicación científica y geológica vinculada al movimiento y reacomodo de las placas tectónicas del subsuelo.
A diferencia de otros países de la región, por fortuna para nosotros, en Panamá no es tan frecuente la ocurrencia de eventos sísmicos de semejante magnitud como el ocurrido el pasado viernes 9 de octubre, el cual, como sabemos, afectó con mucha mayor severidad al interior del país. De hecho, Panamá no experimentaba un terremoto de semejante magnitud desde 1991. Y aunque el movimiento principal duró apenas unos instantes, la incertidumbre y el miedo ocasionados por las constantes réplicas mantienen aún al país, y especialmente a la población afectada, en constante zozobra.
En estos momentos de vicisitud y tragedia es cuando la solidaridad humana cobra mayor relevancia y, en ese sentido, es digno de elogio el comportamiento exhibido por el pueblo panameño a través de las donaciones y el sentimiento de identificación y respeto hacia los humildes panameños que han perdido sus viviendas, cultivos y demás enseres.
Del mismo modo, justo es reconocer también el nivel de organización y capacidad de respuesta que el Gobierno nacional ha puesto en ejecución para atender con la mayor prontitud las áreas afectadas por el terremoto.
No obstante, ante la inmediatez de la tragedia que acabamos de sufrir, cuando más necesitábamos los panameños una voz de orientación, consuelo y respaldo de parte del presidente de la República, nos tocó escuchar otra vez el mismo sermón impregnado de prejuicios y soberbia que ha caracterizado al presidente Mulino, en lo concerniente a calificar como «bochinche» y «noticias malintencionadas» toda crítica, queja o información que no contenga la dosis de almíbar que sus oídos reclaman.
Esta predisposición del presidente a juzgar por anticipado y realizar declaraciones inoportunas con sesgo politiquero, ante una situación tan sensible como la que nos ocupa, constituye otro grave desliz, acentuado por el intento adicional de tratar de minimizar la magnitud de la tragedia. Por ello, considero que, con justificada razón, estas declaraciones iniciales del presidente Mulino merecieron el repudio de los afectados y de todos los panameños, en especial de aquellos que vivimos en ese otro país, el país del interior.
Del mismo modo, me resulta hasta cierto punto incongruente que, por ejemplo, el ministro Chapman, ante la gravedad de la situación y la necesidad apremiante de respuestas efectivas y oportunas por parte del Estado para los damnificados del terremoto en las provincias de Coclé, Veraguas, Herrera y Los Santos, manifieste una exquisitez extrema en cuanto al cumplimiento de los protocolos y la sustentación de las solicitudes de las partidas correspondientes. Ese mismo empeño no lo observamos de parte del ministro Chapman en cuanto a las exigencias de los diputados en la Asamblea Nacional, a quienes el MEF les aprobó $98.7 millones nuevamente para 2026, a fin de atender las exigencias salariales de los 3,300 funcionarios permanentes y 1,800 eventuales de la Asamblea Nacional.
Similar benevolencia se observa por parte del ministro Chapman con respecto a los interminables y autónomos reclamos de partidas adicionales que el rector Navarro, de la Unachi, continúa haciendo al MEF para poder atender a plenitud los reclamos salariales de docentes y administrativos de esta cuestionada universidad. Hasta la fecha, ni el MEF ni ningún panameño conocen todavía, a ciencia cierta, cuáles son y en qué consisten los correctivos en materia de despidos y disminución salarial que se ha propuesto realizar el rector Navarro para empezar a enmendar el escandaloso y archiconocido caso de corrupción que aún subyace en dicha universidad, a ojos vistas.
Cuando la tierra tiembla y la ira de Poseidón se manifiesta, es un buen momento para poner a prueba de qué estamos hechos los panameños y medir, de paso, la capacidad de respuesta de un gobierno ante la adversidad repentina, así como también para saber y conocer mejor la conducta de quienes solo saben, al igual que los gallotes, jalar siempre para su propio pico.
El autor es escritor y pintor.



