En 2022 le conté a Mario García Hudson que en Panamá existía un grupo de WhatsApp dedicado al vinilo y que ya pasaba de cincuenta miembros. Le costó creerlo. Mario es uno de los pocos historiadores dedicados a la música panameña. Coordina el Centro Audiovisual de la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero R. desde que se organizó en 2005 y ha dedicado buena parte de su vida a seguir la pista de la discografía del país. Hoy participa en el grupo.

Vinilo Exchange Panamá nació un año antes de esa conversación, el 23 de septiembre de 2021. La idea fue mía; Diego Varela la acogió con entusiasmo desde el primer día y fue cofundador del grupo. Diego es músico de la escena del rock panameño, además de DJ y dueño de una amplia colección de música nacional. Queríamos promover las artes, en especial la música en vinilo, y comprar, vender e intercambiar discos entre amigos.

Parte de la música panameña grabada en vinilo sobrevivió durante años en lugares donde nadie la buscaba. Megan Frye relató uno de esos casos en AllMusic, en una reseña que salió en 2006. Roberto Ernesto Gyemant, que entonces vivía en Costa Rica, llegó de visita a la ciudad de David, en Chiriquí. Para escapar del calor, entró a una emisora de radio y preguntó si guardaban discos viejos.

Lo llevaron a un cuarto pequeño que servía de depósito. Adentro había cerca de diez mil discos, entre LP y sencillos de 45 revoluciones por minuto. Gyemant pasó días revisándolos y encontró sellos que no conocía, con grabaciones de los combos nacionales, las agrupaciones panameñas de finales de los sesenta y principios de los setenta.

Al aire, la emisora programaba reguetón y salsa.

Pasaron años antes de que esa música saliera de aquel cuarto. De los sencillos que revisó Gyemant salieron las quince canciones de Panama! Latin, Calypso and Funk on the Isthmus 1965-75, recopilación que se publicó en abril de 2006 gracias a su trabajo y al de Miles Cleret, DJ y productor inglés. El disco salió en Soundway Records, el sello independiente que Cleret fundó en Londres en 2002. Era la primera vez que esas grabaciones se editaban fuera de Panamá, con artistas como Papi Brandao y sus Ejecutivos, Los Dinámicos Exciters, Lord Cobra y Victor Boa, entre otros.

Casi veinte años después, esa música tiene otra oportunidad de encontrar oyentes. Creo que buena parte del mérito es del regreso del vinilo, que ha acercado a generaciones nuevas a la música del pasado y ha formado nuevos aficionados.

El vinilo lleva casi dos décadas creciendo. La IFPI, que agrupa a la industria discográfica en el mundo, reportó en su informe global de 2026 que los ingresos por vinilo subieron 13.7% en 2025, el decimonoveno año seguido al alza.

Estados Unidos es el mayor mercado de música grabada del planeta, y allí la asociación que reúne a los sellos discográficos, la RIAA, publicó el 1 de septiembre de 2026 su informe de mitad de año. En el primer semestre, el vinilo facturó 543.8 millones de dólares en valor mayorista, 17.7% más que un año antes, con 26.5 millones de unidades vendidas. El streaming sigue siendo el grueso del negocio, con 82% de los ingresos del periodo.

Esas cifras no explican por qué alguien paga por un disco que puede escuchar gratis en el teléfono. Para mí, la respuesta está en lo que ocurre antes de que suene la primera nota. Hay que sacar el disco de su funda, ponerlo en el tocadiscos y bajar la aguja con cuidado. Mientras gira el primer lado, uno mira las fotos de la carátula y lee en la contraportada quién tocó cada instrumento y dónde se grabó. Escuchar un vinilo tiene algo de ceremonia.

No todos lo viven así. Conozco a personas que compran vinilos y no tienen tocadiscos. Coleccionan porque quieren apoyar al artista y porque valoran el objeto en sí mismo. Aun quien no pone el disco a girar se lleva a casa la carátula, las fotos y las notas, que también son parte de esa experiencia.

Los datos muestran, además, un interés creciente de los jóvenes por la música del pasado. El informe de mitad de año de Luminate, publicado en julio de 2026, encontró que el 60% de los estadounidenses de 13 a 24 años escucha sobre todo música de los años noventa o anterior, cuando en 2021 esa proporción era del 18%. El mismo informe señala que la nostalgia influye en la compra de vinilos para el 49% de los compradores de esa generación. Mi lectura es que el vinilo le da a ese interés una forma concreta: un objeto que se busca, se compra y se guarda.

Un algoritmo recomienda lo que se parece a lo que uno ya escuchó. Para llegar a los combos nacionales de los setenta, a un joven le hace falta alguien que le muestre el disco o una tienda donde encontrárselo. Así, un oyente ocasional se convierte en aficionado.

En Panamá, esos aficionados ya tienen dónde encontrarse. El grupo tiene hoy más de 115 miembros en Bocas del Toro, Chiriquí, Veraguas, Colón, Panamá y Panamá Oeste. Entre ellos hay dueños de emisoras de radio, el mismo tipo de lugar donde aparecieron aquellos discos. También hay dueños de tiendas de música, ingenieros de sonido, profesores de música, managers de bandas de rock, DJ, coleccionistas e historiadores.

El próximo depósito puede estar en una emisora de Santiago, en una casa de Bocas del Toro o en un cuarto en Colón. En esas provincias hoy hay alguien del grupo que sabría qué tiene entre manos y a quien un joven que acaba de comprar su primer tocadiscos puede preguntarle por dónde empezar.

El autor es empresario y comunicador.