En el cuento de Frank Kafka, Buitres, el narrador nos cuenta cómo es devorado sin misericordia por un buitre. “Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había descartado las botas y ahora me picoteaba los pies”. Así inicia el relato que no tiene más de media página. El buitre de Franz Kafka revela una circunstancia crítica que resuena con inquietante precisión en nuestros países, donde la corrupción, el miedo y la sumisión al colonialismo se presentan como un paisaje cotidiano y la ciudadanía, como el narrador que cuenta la historia, parece haber aprendido a normalizar su propia destrucción.
Mañana domingo 4 de octubre se llevará a cabo el III Festival de Literatura Fantástica de Panamá 2026, organizado por la Revista Weird Review, de 10:00 a.m. a 5:00 p.m., en la Casa Soldado, Centro Cultural de España en San Felipe, Plaza de Francia. Creo que es una buena excusa para escribir algunas notas sobre los poderes de la literatura fantástica y sus posibilidades de transformar la realidad o, por lo menos, soñar una alternativa.
En el prólogo de la Antología de la literatura fantástica que dirigieron Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, se nos recuerda que este género es tan antiguo como el miedo. Cito: “Viejas como el miedo, las ficciones fantásticas son anteriores a las letras. Los aparecidos pueblan todas las literaturas: están en el Zendavesta, en la Biblia, en Homero, en Las Mil y una Noches. Tal vez los primeros especialistas en el género fueron los chinos”.
La teoría literaria nos permite tener herramientas puntuales para comprender cómo lo irreal puede iluminar lo real. Tzvetan Todorov identificó tres categorías de lo fantástico: lo insólito, lo maravilloso y lo fantástico puro. Otros escritores como Pedro Luis Barcia y Gonzalo Celorio han hecho otras distinciones entre realismo maravilloso y realismo mágico que constituyen un mapa de las estrategias con que la ficción se apropia de la realidad. En la edición conmemorativa de Cien años de soledad de la Real Academia de la Lengua, podemos leer estos trabajos.
También en el prólogo de su novela, El reino de este mundo, Alejo Carpentier hace una aproximación a las nociones de lo real maravilloso y el realismo mágico. En síntesis, lo real maravilloso es lo que está en la realidad (la cultura, los ritos, las costumbres, las creencias) y el realismo mágico es una categoría estética: “una particular forma de percepción y expresión estética de esa realidad”, dice Luis Barcia.
Tzvetan Todorov nos enseñó que lo insólito o extraño ocurre cuando un acontecimiento en apariencia sobrenatural se resuelve mediante una explicación racional al concluir el relato. Lo maravilloso, en cambio, se manifiesta cuando el fenómeno sobrenatural carece por completo de explicación lógica y se integra en un universo con leyes propias que amplían la realidad sin destruirla. Entre ambos conceptos se sitúa lo fantástico puro, cuyo rasgo determinante es la incertidumbre persistente: un relato solo se considera genuinamente fantástico cuando al final se imprime una duda irresoluble que la historia no llega a develar.
La literatura fantástica es uno de los géneros más agresivos para denunciar las injusticias. En contextos donde el poder político se ejerce a través de la arbitrariedad, lo fantástico se convierte en el lenguaje natural para nombrar lo que el discurso oficial prefiere mantener en la penumbra. Regresemos al Buitre de Kafka para verlo bien claro.
En el cuento el narrador se describe a sí mismo como indefenso: sacrificó sus pies para evitar que el animal le salte a la cara. Un señor que pasa intenta ayudarlo y sugiere la idea de acabar con el buitre de un tiro. El narrador le pide que lo haga. Aparece la solidaridad. Sin embargo, el buitre, que ha escuchado la conspiración termina metiendo su pico en la boca del narrador y ambos caen en un charco de sangre.
Kafka escribió un cuento que tal vez plantea el tema del abuso del poder arbitrario y cómo la sumisión es una categoría del miedo. El narrador no grita, no huye, no denuncia. Dice “estoy indefenso”, porque el miedo destruye la esperanza. La parábola del buitre de Kafka desnuda la realidad postcolonial de todo el continente en un momento en que los buitres quieren picotear y desangrar a nuestros países. Vivimos en una paradoja semejante al cuento de Kafka. El buitre de Kafka gestiona la muerte y administra el miedo. Es la necropolítica que definió Achille Mbembe: la soberanía de la muerte.
Al final nos quedamos con una incertidumbre perturbadora y varias preguntas: ¿Es el buitre un animal o una alegoría? ¿Está el narrador soñando, alucinando, o realmente un ave le está devorando los pies? ¿Por qué no hace nada? ¿A quién representa la imagen del buitre? Tal vez la última acción del cuento plantea la cuestión de que las palabras y las ideas son peligrosas. La literatura fantástica es aún más peligrosa.
El autor es escritor.



