La Unesco ha declarado el tercer jueves de noviembre como el Día Mundial de la Filosofía, tomando en cuenta que esta disciplina “proporciona las bases conceptuales de los principios y valores de los que depende la paz mundial; la democracia, los derechos humanos, la justicia y la igualdad”.
En esta ocasión sería oportuno acercarnos al pensamiento socrático sobre los deberes del ciudadano y la importancia de la formación ciudadana en Atenas en el siglo V, que surge producto de las victorias sobre los persas, la llegada de los sofistas a Atenas, la Guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta que concluye en 404 a.C. y la reinstauración de la democracia en 403 a.C., que ocasiona una nueva mentalidad acompañada de una nueva tabla de valores del ciudadano respecto de la polis. Sócrates reiteradamente busca la manera de hacer entender a los atenienses cómo ser un buen ciudadano. Para algunos, en la actualidad eso se reduce a no tirar basura a la calle o a un río, manejar correctamente, respetar los símbolos patrios, votar en las elecciones, entre otros, sin embargo, dejamos de un lado los valores.
La formación ciudadana a la que apela Sócrates en los primeros diálogos de Platón es la que yo pienso que se requiere en estos cruciales momentos. Requerimos y necesitamos de la filosofía y de una formación en valores para tener mejores ciudadanos. ¿Cómo se consigue el buen ciudadano socrático?
La historia nos muestra que los atenienses eran respetuosos de sus leyes, la ciudad (polis) era más importante que su propia vida. De allí entendemos cuando Sócrates, encarcelado y condenado a muerte, le responde a la proposición de Critón de que huya (en el diálogo Critón o el deber del ciudadano), que se niega hacerlo porque existe un pacto tácito entre el ciudadano, las leyes y la obediencia a ellas desde el momento que se vive en la polis, de manera que el ciudadano las acepta y debe cumplirlas aunque le parezcan injustas.
Las preocupaciones de Sócrates sobre los valores del ciudadano ateniense se demuestran cuando dice que la ciudad debe tener buenos gobernantes que sepan qué es la justicia, la prudencia para no caer en la demagogia, la ambición excesiva y la corrupción, situaciones muy parecidas a las que vivimos hoy en día.
El concepto de buen ciudadano ateniense, ciertamente, no es totalmente asimilable a la sociedad actual, sin embargo, hay características fundamentales que hay que rescatar y valores que hay que promover, porque todos y no solo los gobernantes debemos esforzarnos para vivir con honradez y respeto hacia las leyes.
La autora es magíster en historia y ciencias de la antigüedad.