Todo aquel que dice ser fanático del género musical conocido como “salsa”, específicamente la producida en nuestro patio, habrá despertado el 16 de abril del presente año con la triste noticia del fallecimiento del maestro percusionista y líder de orquesta, Francisco Bush Buckley. Para quien esto escribe, el golpe ha sido duro, pues, durante mi última visita al istmo, no pude verlo y darle un abrazo de amigo, de hermano y ponernos al día, tal como lo habíamos hecho en años anteriores.

Bush supo batallar como los grandes. Mientras otros artistas panameños pudieron triunfar en Nueva York y otras mecas salseras – léase Rubén Blades, Camilo Azuquita, Víctor Paz, Mauricio Smith, Emilio Reales, Camilo Rodríguez, Danilo Pérez, Miguel Meñique Barcasnegras, Félix Wilkins, entre otros --, Bush se quedó, se fajó y triunfó en su tierra. Sus éxitos internacionales, La Chola Caderona y Mariana Soba, son obligatorios en cualquier colección. Ni hablar de tantos otros temas que quedan en nuestros corazones: Humanidad, 9 de enero, Mi Gallo Pinto, Viva Panamá, El Reloj de Pastora, Él era más Feo que Yo, Vive tu Vida, Soy tu Dueño, Happy Mambo, Manuela Aranda, Pueblo Nuevo, Pegadita de los Hombres, Guaguancó del Solar, Con Maña se Rompe, Traicionera, Déjame, y muchos más. Es importante mencionar, además, que fue con Bush y sus Magníficos, por ejemplo, que un joven Rubén Blades comenzaba a abrirse paso en el ambiente salsero panameño, llegando incluso a grabar un LP en Panamá con el propio Bush, bajo la producción del legendario Francisco Morris Sperlman -- Pancho Cristal --, cinta que Cristal se llevó presuntamente a Nueva York y misteriosamente desapareció. Según Bush, algunos de los números en esa producción fueron más tarde grabados por Blades. Dichoso y famoso será quien llegue a encontrar dicha grabación.

Si hubo una orquesta en Panamá que se vio de “tú a tú” con aquellas que venían de Nueva York y Puerto Rico, fue la de Bush.

El propio Bush una vez me dijo que los músicos de la Sonora Ponceña y otras agrupaciones se arrimaban a la tarima para ver a su orquesta tocar. ¡Y qué orquesta! Busquen y reescuchen sus discos y verán.

Descubrirán un riquísimo tesoro musical. ¡Ah!, y no hay que olvidar las joyas discográficas que Bush grabó junto al acordeonista Osvaldo Ayala, uniendo la salsa y el folklore popular de Panamá. También hay que recordar que Bush y Dumas Torrijos (q.e.p.d) crearon el sello discográfico Época, dándole voz a otros talentos de su tierra.

Aunque había visto a Bush y su orquesta en algunas presentaciones durante los setenta, no fue hasta 2001 cuando pude entrevistarlo, que conocí al maestro como persona.

Desde entonces – y esto lo digo con mucho orgullo – nos hicimos buenos amigos, y era una obligación deliciosa y placentera visitarlo cada vez que iba de paseo al terruño. Marcela, su inigualable compañera, siempre sorprendía a mi familia con una majestuosa cena. Marcela y Bush eran los mejores anfitriones que puede uno desear. En ocasión, uno de sus hijos – Andy, Popo o Francisco – nos hacían el honor de unirse al banquete.

Está de más decir que todos son músicos de calibre. Muy especial para mí fue poder contar con la asistencia de Bush y Marcela para el bautizo de mi hija Alexandra Cecilia. ¡Tremendo caché! Muy especial, también, fue que cuando entrevisté a Bush por primera vez, lo hice en la casa que compartía con su exesposa Elida Valdivieso de Buckley, artífice, en parte, del fenomenal picante D’Elidas, el cual tiene fama internacional, y del cual Bush generosamente me regaló una caja, cuyos frascos llegaron sanitos y salvos a Estados Unidos.

Pero Francisco Bush Buckley no solo fue músico. Ya en las postrimerías de su vida -- había nacido el 17 de marzo de 1940 --, el hombre se dedicó a las letras y publicó el importantísimo libro La Salsa en Panamá y algo más, fuente obligatoria de consulta para todo aquel que desee conocer aspectos de la música popular panameña. El año pasado, durante mi estadía en Panamá, al llamarlo por teléfono para decirle que estaba de visita en el istmo y que quería verlos, me dijo que tenía problemas de salud, y que me iba a avisar cuando estaba mejor para poder juntarnos.

Me confirmó que estaba escribiendo otro libro y que quería que leyera algo de lo que tenía escrito. Tristemente, la reunión nunca se dio, debido a que el tiempo pasó rápidamente, y Bush aparentemente no se repuso en su totalidad. En ese momento pensé que lo que mi querido amigo estaba sufriendo era uno de esos “achaques de viejos”, de esos que nos dan a los que pasamos los 50. Pensé que era algo pasajero. Pero no fue así; ya Bush iba, lentamente, de salida.

Temprano en la mañana el 16 de abril de 2018, se fue Bush. Y no pude compartir otros tiempos amenos con mi hermano, al cual extraño desde ya.

Tarde en mi existencia lo conocí y enriqueció mi alma. Puedo contar con una mano los músicos a los que he entrevistado y que han permanecido en mi vida de una manera u otra. Bush, orgullosa y humildemente puedo decir, es uno de ellos. Mis viajes a Panamá han perdido parte del entusiasmo. Panamá ha perdido un hijo meritorio, uno que de verdad dejó una huella en nuestra historia. Latinoamérica perdió a un patriota. La salsa perdió a un maestro. Ah, pero puedo ver a Bush poniendo a los ángeles a rumbear con el “ay que soba y soba, ay que soba y soba”.

El autor es escritor