PSICOLOGíA

El mal gusto de descalificar

Tuve la fortuna de examinar a una alumna, a la que le dirigí su tesis de graduación para licenciatura. He dirigido cerca de 800 en 43 años de ser profesor universitario. En el salón de sustentaciones, vacío, estábamos solo la autora del trabajo de grado, dos funcionarias de alto nivel de la Facultad de Psicología designadas como jurados y mi persona, como asesor . Como es habitual, el esposo de la graduanda , con ricas viandas para celebrar, y muy atrás, dos profesoras de nueva data en nuestra universidad, quienes hablaban maliciosamente muy bajito.

El tema era Estrés laboral en una institución gubernamental. Un trabajo con mucha dedicación y hallazgos importantes para este tópico en el empleado público, tan presionado por sus carencias de herramientas, la inseguridad de los cambios de gobierno, la falta de profesionalismo en algunas de estas entidades y pequeñas bandas que se crean, para defender su estabilidad laboral. La tesis fue calificada con “A” por la vicedecana y la directora de mi departamento, dos profesionales de primera categoría , quienes integraron el jurado calificador conmigo.

Ya había tenido yo dos episodios de ira, porque en una junta de facultad y en un seminario con invitados internacionales, dos profesoras habían comentado en voz alta, sin el menor ambage: “las tesis de psicología son malas”. Causando que un colega que ha dirigido más de mil trabajos de graduación se enojara mucho. Yo me salí, la primera vez, detrás de la descalificadora y le pregunté: “¿cuántas tesis de licenciatura ha dirigido usted, profesora, que se atreve a descalificar a todos los que las dirigimos?”. Su respuesta fue “ninguna”.

Igual volvió a pasar una mañana en una reunión, cuando otra profesora, a quien no le conozco investigación alguna, dijo exactamente el mismo comentario descalificador, para los trabajos de grado de una facultad de la Universidad de Panamá, acreditada (reconocida mundialmente por sus patrones de enseñanza ). Esta vez estallé y expresé mi disgusto, con esos comentarios sin sustento y que provenían de colegas a las que jamás he visto dirigiendo una investigación, como trabajo de graduación.

Para acabar, las dos profesoras silenciosas, que trabajan en la CSS, me dijeron a la salida que los cuestionarios usados en la tesis para medir el estrés, creados por la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y la OMS (Organización Mundial de la Salud), no servían. ¡Wao! Esta “obsesión” para algunos de desacreditar el trabajo de otros , es indudablemente un trastorno de personalidad.

El autor es psicólogo, docente y escritor

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