Panamá ha logrado algo que pocos países pueden decir: producir cafés que están entre los más reconocidos y valorados del mundo. Pero, desde la investigación, la pregunta que más me interesa no es cuánto puede llegar a pagarse por una libra de geisha. Es otra: ¿qué sabemos realmente sobre las razones que hacen posible esa calidad?
Detrás de una taza excepcional hay mucho más que una variedad famosa o una finca bien manejada. Hay suelo, clima, altitud, prácticas agrícolas, fermentación y comunidades de microorganismos que confieren singulares calidades de taza a los cafés de especialidad y que interactúan con la planta. Algunos de esos factores los entendemos bien. Otros apenas comenzamos a estudiarlos.
Ahí es donde la ciencia puede cambiar la conversación. Panamá nunca va a competir con Brasil o Vietnam por volumen de producción, y tampoco tendría sentido intentarlo. Nuestra ventaja está en otro lugar: en la calidad, en la diversidad biológica que tenemos y en la posibilidad de generar conocimiento alrededor de productos que ya cuentan con prestigio internacional.
Desde INDICASAT-AIP hemos trabajado durante años en temas como la genómica y los hongos endófitos asociados al café y al cacao. Dicho de manera sencilla, estudiamos microorganismos que viven dentro de las plantas y que, en ciertos casos, pueden ayudarlas a defenderse de enfermedades. Si logramos entender mejor esas relaciones, podríamos desarrollar soluciones biológicas que reduzcan el uso de químicos o ayuden a los productores a enfrentar problemas que afectan sus cultivos.
Eso tiene consecuencias muy concretas. Un productor puede tener acceso a plantas más resistentes. Una finca puede reducir pérdidas. Una fermentación puede hacerse de manera más controlada. Un café puede ser mejor trazado. Y de ese conocimiento pueden surgir servicios especializados, tecnologías, bioinsumos o incluso nuevas empresas.
Por eso, la creación del Centro de Investigación Avanzada del Café y el Cacao, impulsado por INDICASAT-AIP junto con CIPAC-AIP, no debería verse solo como la apertura de un nuevo centro científico. Parte de una idea bastante sencilla: si Panamá ya produce cafés y cacaos con características excepcionales, también debería desarrollar la capacidad de entender científicamente qué los hace especiales y cómo proteger ese valor.
El cacao ofrece una oportunidad similar. Panamá posee recursos genéticos importantes y productores que trabajan con materiales de gran calidad. También enfrenta enfermedades, retos de productividad y preguntas sobre fermentación, nutrición y sostenibilidad. La investigación puede ayudar a responderlas y, sobre todo, a convertir respuestas científicas en soluciones útiles.
A veces hablamos de biodiversidad como si fuera únicamente algo que debemos conservar, y, por supuesto, debemos hacerlo. Pero la biodiversidad también contiene información. En una planta, un hongo, una bacteria o una variedad local puede haber una característica con valor agrícola, alimentario o biotecnológico. Si no la estudiamos, ese valor permanece invisible.
Estamos acostumbrados a pensar en el futuro económico de Panamá a partir del Canal, los puertos, la logística, el comercio o los servicios financieros. Son fortalezas reales. Pero creo que debemos agregar otra pregunta: ¿qué economía podemos construir a partir del conocimiento que generemos sobre nuestros propios recursos naturales?
El World of Coffee Panama 2026 será una excelente oportunidad para mostrar la calidad de nuestros cafés. También puede servir para mostrar algo menos conocido: que en Panamá se está haciendo ciencia para entenderlos.
Para mí, ese es el paso que realmente importa. No se trata solamente de vender mejor lo que producimos hoy. Se trata de aprender más sobre lo que tenemos y usar ese conocimiento para producir soluciones, tecnología y nuevas oportunidades.
Tal vez allí esté una parte del futuro de nuestra bioeconomía: no solo en lo que Panamá cultiva, sino en lo que Panamá llega a descubrir sobre ello y en cómo aprovecharlo de manera responsable.
El autor es director de INDICASAT-AIP.


