ADULTOS MAYORES

La neurociencia del VIH

La mayor esperanza de vida de las personas con infección por el VIH está cambiando la demografía de la epidemia. Actualmente, más de la mitad de las personas que viven con el VIH tienen 45 años o más. Onusida estima que en Latinoamérica había cerca de 200,000 personas mayores de 50 años con VIH en el 2013, cifra que se prevé crezca significativamente año tras año. Tomando en cuenta la alta prevalencia de VIH en Panamá, estudiar esta población de adultos debe ser un compromiso de Estado. En 2016 se registraron 3,634 personas (de un total de 26,879 sujetos infectados) con más de 50 años de edad con VIH en Panamá.

En los inicios de la epidemia del VIH una de las principales consecuencias de no contar con un tratamiento que lograse disminuir la progresión de la enfermedad fueron los problemas que el virus ocasionaba en el cerebro. Desde entonces, para las personas que tienen acceso a la terapia retroviral de por vida, las enfermedades relacionadas con el SIDA ya no son la principal amenaza, pero ha surgido un nuevo conjunto de complicaciones asociadas con el VIH, lo que lo ha replanteado como una nueva enfermedad crónica que para muchos abarcará varias décadas de vida. Esta cronicidad del VIH representa un nuevo reto a la ciencia: el VIH en personas de la tercera edad.

En el cerebro, el VIH puede producir trastornos cognitivos, afectando funciones como la memoria, cambios en la personalidad, problemas de atención, disfunción motora, y la capacidad del individuo para llevar una vida cotidiana normal. Actualmente, este conjunto de trastornos ha sido clasificado como Trastorno Neurocognitivo Asociado al VIH (HAND, por su sigla en inglés). Respondiendo a esta prioridad en salud, investigadores nacionales del Indicasat y el Icges están empezando a estudiar el VIH en adultos mayores, con un enfoque en la búsqueda de biomarcadores que puedan ayudar al diagnóstico oportuno y tratamiento del deterioro cognitivo asociado a la edad. La naturaleza multidisciplinaria del VIH y el envejecimiento requiere unir experiencia en muchas áreas, incluyendo geriatría, medicina interna, infectología, farmacología, psicología y numerosas subespecialidades. Esto, junto a un compromiso en inversión del Estado, ayudará a mitigar el impacto que tendrá el VIH en adultos mayores en sistemas de salud y familias.

El autor es investigador en el Centro de Neurociencias del Indicasat y miembro de Ciencia en Panamá.

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