La escasez de especialistas sigue en el debate nacional y hoy deseo completar mi artículo anterior. La Caja de Seguro Social no logra cubrir numerosas plazas, especialmente en el interior. Por esta causa, se trae al debate la contratación de profesionales extranjeros y la reducción de dos años a uno del internado médico.

Aunque se requieren respuestas inmediatas, estas medidas podrían limitarse a mitigar daños previos. Panamá debe reorganizar y fortalecer su personal sanitario para atender las necesidades de la población mediante la actualización y creación de una nueva Carrera Sanitaria.

Una pirámide que no hemos construido

Un sistema basado en la atención primaria debe ser una pirámide con personal profesional y técnico que, en contacto muy cercano con las comunidades, prevenga el daño a la salud. Sobre esa base se organizarían, en las proporciones necesarias, las especialidades, subespecialidades y servicios de alta complejidad.

Por décadas ha predominado el modelo curativo y hospitalario, convirtiendo la pirámide ideal en un sistema rectangular. Ese rectángulo distribuye mal a los profesionales y genera demanda especializada.

Enfermedades mal controladas pueden causar complicaciones que demandarán la atención de múltiples especialidades y costosos diagnósticos y tratamientos que pudieron evitarse.

El resultado es un triple daño: sobrecarga de los especialistas, reducción de la capacidad de atención y perjuicio para los pacientes. No podemos resolver desde arriba el daño que se causa desde abajo.

Ante la escasez, se propone reducir el internado médico de dos años a uno.

Todo programa formativo debe revisarse, pero no debemos defender ni eliminar años por motivos administrativos. La medicina combina conocimiento, práctica y ética, pero la formación no ha sido eficaz.

El examen de certificación para ingresar al internado era más exigente que el actual y este año solo 68 de 601 aspirantes lo aprobaron. El resultado exige investigar sus causas y desaconseja reducir la duración de la formación médica.

La formación no debe alargarse innecesariamente ni acortarse si ello pone en riesgo la seguridad del paciente. Reducir un año el internado tampoco resolverá la actual ni la futura falta de especialistas: rapidez no equivale a planificación.

Una Carrera Sanitaria para retener talento

El problema tampoco termina cuando formamos al profesional. También debemos encontrar razones y estímulos para que permanezca en el sistema.

La nueva Carrera Sanitaria debería incluir modalidades de dedicación exclusiva, total o parcial, para todo el personal de atención primaria y de medicina curativa del sistema público de salud.

Quien asuma una dedicación exclusiva al sistema público debe recibir una compensación proporcional, en una relación recíproca en la que ambas partes cumplan sus responsabilidades en materia de remuneración competitiva, productividad, estabilidad, promoción por méritos, formación continua, investigación y docencia, entre otros aspectos.

Un profesional sanitario requiere, además, oportunidades de crecimiento intelectual y profesional. La falta prolongada de condiciones de trabajo adecuadas produce frustración y desmotivación en el ambiente laboral.

De allí que algunos busquen otras oportunidades y otros permanezcan, pero sin desarrollar todo su potencial. El Estado conservará a un funcionario, pero perderá parte de la capacidad del profesional que formó.

Si el Estado exige dedicación exclusiva, total o parcial, debe ofrecer al profesional seguridad económica y un proyecto de vida profesional.

La dedicación exclusiva debe ser una categoría superior de la Carrera Sanitaria. La dedicación exclusiva parcial combinaría períodos remunerados de disponibilidad institucional con actividad privada compatible.

Aquí creo necesario detenerme un poco.

Hay otra realidad que ni los profesionales, ni la sociedad ni el Gobierno podemos continuar ignorando.

El mercado sanitario panameño ha cambiado: la medicina privada crece y compite con el Minsa y la CSS por los mismos profesionales.

Este crecimiento es necesario, pero ambos sectores comparten personal sin reglas modernas que regulen su disponibilidad. Un médico puede trabajar en varias instituciones, aunque su tiempo sigue siendo limitado.

El problema no es la doble vinculación, sino que ambos sistemas dispongan simultáneamente del mismo tiempo médico.

Construir hospitales toma poco tiempo; formar buenos especialistas, muchos años.

Ante esta discusión, quizá se alegue que se ha perdido la vocación o que algunos médicos olvidaron su juramento hipocrático. Sin embargo, la mayoría de quienes elegimos profesiones sanitarias lo hacemos por vocación de servicio, sin renunciar por ello a una vida digna, mejores condiciones laborales y desarrollo profesional.

El juramento hipocrático exige ejercer la medicina con ética y responsabilidad, pero no obliga a trabajar para el Estado bajo cualquier condición. La vocación y la ética son esenciales, aunque no sustituyen una política adecuada de recursos humanos.

Los buenos sistemas sanitarios no pueden depender del heroísmo permanente de sus profesionales.

Resolver la urgencia sin abandonar la transformación

Panamá debe identificar las enfermedades prevenibles que deberá afrontar durante los próximos 15 años. Con esta información podrá diseñar una política nacional de recursos humanos sanitarios que permita planificar la formación, distribución y jubilación del personal, así como la combinación necesaria de profesionales en atención primaria y otros niveles asistenciales. Esto facilitará prever y ajustar la demanda futura de especialistas.

Debemos cubrir las vacantes actuales con procesos ágiles y rigurosos: aceleremos los trámites, no reduzcamos los estándares.

Panamá necesita formar y distribuir mejor a sus especialistas, ofrecerles condiciones para permanecer y desarrollarse e incorporar profesionales extranjeros para atender el déficit inmediato.

Sin embargo, la prioridad no es solo determinar cuántos especialistas hacen falta, sino definir qué estructura sanitaria permitirá proteger mejor a la población y garantizar atención oportuna cuando sea necesaria.

El verdadero cambio comienza antes de la enfermedad: preservar la salud para reducir, siempre que sea posible, la necesidad de atención especializada.

El autor es neurocirujano.