Producir, comprar, usar, tirar. Así funciona el modelo de producción y consumo. El creciente impacto de la huella ecológica, el agotamiento de recursos naturales, la acumulación de residuos, la contaminación en grandes ciudades o los desastres naturales inducidos por el cambio climático son solo algunas de las consecuencias de un sistema sometido a la dictadura del crecimiento. “Nuestra economía se ha desarrollado bajo un modelo lineal basado en la hipótesis de la abundancia, la disponibilidad, la facilidad de obtención y la eliminación barata de residuos”, advierte Paz Nachón, gerente sénior Accenture Sustainability Strategy.
“Cada año, en Europa, se utiliza un promedio de 16 toneladas de materiales por persona para mover nuestra economía. Y además, alrededor de seis toneladas por persona se convierten en residuos, de los que casi la mitad termina en vertederos”, explica el comisario europeo de Medio Ambiente, Janez Potocnik. El político esloveno se aferra a la idea de la economía circular –un ciclo cerrado donde los residuos sean la principal fuente de materia prima fiable– que no es del todo nueva. En la década de 1990, el arquitecto estadounidense Bill McDonough y el químico alemán Michael Braungart desarrollaron el concepto cradle to cradle (cuna a la cuna). Bajo la premisa de la eco eficacia, consiste en diseñar los productos de tal manera que la esencia del material se mantenga y sea fácil extraer sus componentes para su regeneración o su devolución a la tierra. También Walter Stahel, arquitecto y analista industrial, esbozó un modelo económico de bucle cerrado con cuatro objetivos principales: la extensión de la vida del producto, los bienes de larga duración, las actividades de reacondicionamiento y la prevención de residuos.
Y en 1994, el emprendedor belga Gunter Pauli propuso una teoría similar, a la que bautizó como economía azul, que pretende imitar a la naturaleza. Sus ideas no tardaron en materializarse. Eiji Nakatsu se inspiró en el martín pescador, un ave que apenas genera onda expansiva en el agua cuando se sumerge en busca de alimento, para rediseñar el tren bala de Shinkansen. Gracias a su morro de acero de 15 metros, aumentó su velocidad y redujo el uso de energía en un 20%.
También para minimizar el uso de energía, la empresa Regen diseña electrodomésticos cuyo funcionamiento sigue el mismo algoritmo que el de las colmenas de abejas. Son solo algunos ejemplos: de la misma manera se han inventado turbinas eólicas que se inspiran en las aletas de las ballenas jorobadas, células solares que calcan la fotosíntesis de las hojas o captadores de agua de la niebla que replican el caparazón de los escarabajos del desierto.
Del mismo modo que la naturaleza establece interdependencias entre organismos, la economía circular establece un sistema de cooperación dirigido a ofrecer más servicios con menos recursos y relativiza concepciones muy arraigadas como la propiedad o el precio. ¿Por qué si no estarían tan presentes debates sobre la economía colaborativa o el precio justo?