Actualmente estamos en un punto de inflexión donde la gente no cree en su mayoría en las instituciones del Estado, como si se tratase de las instituciones y no de las personas que las constituyen, generalizamos selectivamente. Y lo planteo porque hace unos días en redes sociales un grupo de personas comentaba sobre el viejo tema de la pederastia en la Iglesia católica.
Recuerdo que cientos de comentarios eran la apología de la Iglesia, de la institución en sí, argumentando que unos corruptos pedófilos no hacían a toda una institución corrupta, pero me pregunto por qué el mismo juicio o premisa no podría aplicarse para lo que ocurre en las instituciones del Estado, porque en vez de decir que unos cuantos corruptos no hacen a una institución como el Órgano Judicial, la Asamblea, y el gobierno en general corrupta, ¿por qué en este caso no se separan a las personas de la instituciones? Así es que verificamos una y otra vez cómo funciona el sistema cognitivo individual y colectivo, pues lo anterior implica algo que en psicología cognitiva llamamos sesgo cognitivo, que es una tendencia a seleccionar información favorable y coherente con una serie de esquemas preexistentes del individuo, y desechar la inconsistente. En un país mayoritariamente católico como el nuestro, estoy seguro de que la mayoría de las personas acepta a ciegas la idea de que los órganos del Estado son instituciones corruptas, pero que la Iglesia no lo es.
Es en esa medida que habrá que hacer un análisis más frío de lo que ocurre en el país, para salvar su imagen y la imagen deteriorada de sus instituciones, sin sesgos y sin selectividad en la información, que muchas veces emerge de políticos de oposición del pasado, que desfilan en los medios de masas para denunciar la decadencia en que vivimos en estos tiempos, olvidando lo que hicieron y dejaron de hacer en su momento.
Imaginemos, ¿qué hubiera sucedido si en las pasadas elecciones con toda la maquinaria estatal a su favor y la millonaria inversión propagandística, el partido CD hubiera ganado? Lo más seguro es que el sistema de corrupción se hubiera mantenido sigilosamente, el control de poder lo tendría una sola persona con todos los recursos materiales y tecnológicos a su favor, no habría un magistrado de la Corte Suprema en la cárcel, y mucho menos un expresidente detenido ni otros funcionarios de altos cargos, ni siquiera es posible imaginar una justicia selectiva, ciertamente sesgada como la que tenemos ahora, y de la cual nos quejamos arduamente. Pero de alguna manera, y a pesar de todo, podemos decir que el sistema democrático funcionó, operó inteligentemente, pues no le extendió el poder a quienes mantendrían la corrupción al máximo.
La corrupción tampoco es algo novedoso, y lleva décadas , y es que los partidos anteriores en el poder y sus gobernantes hacían una especie de pacto político de no agresión, y eso incluye al PRD y Arnulfismo, para que las investigaciones de corrupción de los gobiernos anteriores se evadieran, sin embargo, la presión ciudadana, acompañada de unos medios de masas activos, llevaron poco a poco al colapso esa situación que nos tiene sumergidos en el estado en que estamos, en el que se demanda cada vez más transparencia, donde la gente no está satisfecha con el sistema de justicia que tenemos, a pesar de que en la historia de la República, en los quinquenios anteriores, no se hubiera llegado a enjuiciar y condenar a un magistrado de la Corte Suprema de Justicia y extraditar a un expresidente de la República.
Y es que la gente ha perdido la fe en los partidos políticos, ser político es un acto tan desacreditado, que parece ser casi un sinónimo de ser corrupto. Por ello emergen los independientes que son una alternativa ante la frustración del votante, y una oportunidad de un cambio, donde las promesas de campaña no terminen en ensoñaciones. Pensamos que es un momento crítico de la historia en el que el sistema democrático debe funcionar, y creemos que es la oportunidad del votante de elegir racionalmente, porque ya hemos madurado lo suficiente, para no reelegir y seguir con más de lo mismo. Es la oportunidad para un grupo de personas independientes que deben unirse en un coalición para poder alcanzar el triunfo, de otra forma será muy difícil.
El autor es docente universitario y psicólogo.
