El cambio en el clima y las limitaciones físicas de las islas han pasado de ser conceptos teóricos en el ordenamiento territorial a convertirse en situaciones prácticas urgentes en Panamá. En la comarca Guna Yala, donde el hacinamiento extremo y la amenaza del aumento del nivel del mar ponen en riesgo la viabilidad de las comunidades costeras, el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (Miviot) ha comenzado programas de relocalización hacia tierra firme, entre los que destaca el desarrollo habitacional en Ukupa, ubicado en el corregimiento de Ailigandí.
Este proyecto no solo implica un paquete de ayuda social, sino que se trata de un esfuerzo técnico de reubicación estratégica ante los intensos efectos del cambio climático que se están manifestando de manera crítica en este 2026. Con una inversión considerable, esta iniciativa incluye la construcción de soluciones de vivienda social pensadas para alojar a familias en condiciones de hacinamiento y vulnerabilidad ambiental, mediante diseños funcionales que priorizan la protección y el bienestar de los habitantes.
Sin embargo, más allá de las dimensiones y la estructura, el verdadero desafío de Ukupa remite a una lección histórica esencial: las transformaciones territoriales en la comarca siempre han sido profundamente políticas y culturales, no solo técnicas. Al igual que en los acontecimientos de autodeterminación de 1925, cuando las comunidades defendieron su autonomía contra imposiciones externas, en la actualidad la reubicación hacia lo que podemos llamar tierra firme presenta un considerable riesgo socioespacial si no se respetan la identidad bioclimática y la tradición de gobernanza del pueblo guna.
La transición del espacio insular, caracterizado por la proximidad inmediata al mar, los fuertes oleajes, el flujo activo del río Playón Grande, la pesca artesanal compleja y una intensa vida colectiva de alta densidad, hacia los amplios espacios continentales exige un cuidadoso equilibrio para evitar rupturas en el tejido social comunitario.
Uno de los principales retos que enfrentan las iniciativas de infraestructura en la región es la vulnerabilidad de las cadenas de suministro. El transporte de materiales requiere una coordinación exhaustiva que combina rutas terrestres empinadas y transporte marítimo en barcazas, ambos susceptibles a cambios climáticos, marejadas y bajas mareas, lo que incrementa los costos indirectos y los tiempos de ejecución. Esta barrera logística demuestra que la ingeniería tradicional debe replantearse bajo criterios de economía circular y uso de recursos locales.
Para prevenir que los nuevos asentamientos resulten en viviendas deshabitadas o en poblados fantasmas que carezcan de servicios básicos, es fundamental que la gestión pública se organice mediante un enfoque colaborativo con el Congreso General Guna y los sahilas locales. Esto permite que la adaptación bioclimática del diseño urbano, la utilización de infraestructura descentralizada y las energías renovables se alineen realmente con las necesidades de la comunidad, garantizando el suministro continuo de agua potable, el saneamiento adecuado y la conectividad vial sostenible.
El proyecto Ukupa se consolida, de este modo, como un referente clave en la transición hacia un ordenamiento territorial que prioriza la prevención y la justicia climática en Panamá, demostrando que la efectividad técnica solo alcanza su verdadero valor cuando se entrelaza con la sensibilidad sociocultural y la historia de autonomía de su gente. De esta manera, se abre un camino lleno de esperanza y oportunidades para el desarrollo urbano, donde la planificación estratégica y la participación comunitaria garanticen un futuro próspero, seguro y profundamente armónico para las nuevas generaciones.
El autor es arquitecto y especialista en ordenamiento territorial para el desarrollo sostenible.

