El 9 de octubre de 2026, Panamá vivió una de esas tragedias que dejan una huella profunda en la historia de un país.
Un terrible terremoto sacudió el interior de la República, destruyó miles de viviendas y dejó a miles de familias humildes sin un techo donde dormir. Familias que, en cuestión de segundos, perdieron lo que habían construido con el esfuerzo de toda una vida.
Ante esta desgracia, el Gobierno Nacional, nuestras instituciones y miles de panameños han demostrado una vez más ese espíritu de solidaridad que nos caracteriza. Cuando un panameño sufre, los demás sentimos su dolor.
Reconozco ser proamericano, ya que tuve la oportunidad de estudiar en los Estados Unidos y, por consiguiente, integrarme al modo de vida norteamericano y sentir la calidad humana del típico estadounidense, que me extendió su mano amiga, en ocasiones me albergó en su casa y me dio cariño y compañía estando yo lejos de casa.
Pero hoy quiero destacar algo que me ha impresionado profundamente: la extraordinaria respuesta del Gobierno de los Estados Unidos, que no me sorprendió por haber pasado parte de mi vida entre ellos y conocer de qué están hechos.
Desde los primeros momentos de la tragedia, Estados Unidos reaccionó con una rapidez y una generosidad verdaderamente admirables. Helicópteros militares, personal especializado, alimentos, equipos, suministros de emergencia y millones de dólares en asistencia humanitaria comenzaron a movilizarse para ayudar a nuestros compatriotas.
Y quiero hacer un reconocimiento muy especial a una persona: el embajador de los Estados Unidos en Panamá, Kevin Marino Cabrera. Lo hemos visto personalmente involucrado en las operaciones, viajando en helicópteros hacia las zonas afectadas, acompañando a los equipos de asistencia y coordinando la llegada de recursos para quienes más los necesitan. No se ha limitado a expresar palabras de solidaridad desde una oficina diplomática. Ha salido al terreno para trabajar y demostrar con hechos lo que significa la amistad entre dos naciones. En mi opinión, Kevin Marino Cabrera está demostrando ser un extraordinario embajador, y su actuación durante esta tragedia merece el reconocimiento y agradecimiento de todos los panameños.
Pero hay algo más que quiero decir.
¿Dónde están las demás grandes economías?
Y me refiero particularmente a aquellas grandes potencias comerciales a las que Panamá les compra miles de millones de dólares en productos todos los años.
Recuerdo cuando nuestras calles estaban llenas de automóviles Chevrolet y de otras marcas americanas. Hoy vemos por todas partes vehículos coreanos y, cada vez más, chinos.
Y no solamente automóviles. Nuestros hogares están llenos de televisores, refrigeradoras, lavadoras, aires acondicionados y equipos fabricados en esos países. Nuestros edificios, comercios y empresas también utilizan enormes cantidades de sus productos. Panamá es un mercado que les ha abierto sus puertas y que contribuye a la prosperidad de sus industrias.
Entonces yo me pregunto: ¿no sería este el momento de que esos países demostraran su agradecimiento al pueblo panameño?
No estoy diciendo que nadie más nos haya ayudado. Costa Rica envió una misión médica a los hospitales de Chitré y Las Tablas; Venezuela y México mandaron ingenieros para evaluar escuelas, puentes y hospitales; Corea del Sur aportó 300,000 dólares; China entregó suministros al Sinaproc, y hasta la pequeña Kosovo envió arroz, azúcar y frazadas. Reconozco y agradezco esa solidaridad. Pero considero que las grandes economías que tanto se benefician del comercio con Panamá deberían tener una presencia mucho más visible y generosa ante una tragedia de esta magnitud. La diferencia de escala con lo que ha aportado Estados Unidos, con 5 millones de dólares, helicópteros y equipos técnicos en el terreno, salta a la vista. Porque la amistad entre los países no debería medirse solamente por cuánto nos venden, sino también por cuánto están dispuestos a ayudarnos cuando más los necesitamos.
Y eso es precisamente lo que Estados Unidos nos está demostrando. Podemos tener nuestras diferencias políticas, comerciales o diplomáticas con los Estados Unidos. Eso es parte de la relación entre países soberanos. Pero cuando llega una tragedia como esta, debemos tener la nobleza de reconocer a quienes nos tienden la mano.
Hoy no estamos hablando de política. Estamos hablando de humanidad, de generosidad y de gratitud. Estoy convencido de que las familias panameñas que han recibido esa ayuda jamás olvidarán quién estuvo a su lado en los momentos más difíciles.
Yo, como panameño, quiero expresar públicamente mi profundo agradecimiento al pueblo americano, a su Gobierno, a todos los hombres y mujeres que están participando en esta misión humanitaria y, muy especialmente, al embajador Kevin Marino Cabrera.
Porque hay momentos en la vida en que los verdaderos amigos no se reconocen por lo que dicen, sino por lo que hacen.
Y Estados Unidos, en esta tragedia, ha demostrado con hechos que es un verdadero amigo de Panamá.
Que Dios bendiga a todas las familias afectadas por este terremoto. Que Dios bendiga a Panamá. Y gracias, de corazón, a los Estados Unidos de América.
El autor es promotor de proyectos.



