La violencia, la migración, la pobreza. El papa ha borrado el color rosa del mapa de México. La visita de cinco días que iniciará este viernes al mayor país católico de habla española vendrá marcada por una agenda de alto voltaje. El pontífice, en su recorrido por los agujeros negros de México, desde Chiapas hasta Ciudad Juárez, se encontrará con un episcopado que aún destila los modos patricios de Ratzinger y un pueblo donde el catolicismo corre en retirada, pero que ha puesto en las cualidades de Francisco una inmensa esperanza.
Un viaje por los problemas. Eso ha escogido el papa para su visita. Ecatepec, Chiapas, Michoacán, Ciudad Juárez. Cada parada es pura dinamita. Desde la ultraviolencia de los carteles hasta la tragedia de los espaldas mojadas; desde la miseria de los arrabales hasta los feminicidios en masa. A diferencia de los almibarados recorridos de Juan Pablo II y Benedicto XVI, la entrada en tierras mexicanas de Jorge Mario Bergoglio está llamada a trazar una divisoria histórica.
“Las últimas visitas de Karol Wojtyla, cansado y enfermo, fueron muy manipuladas, ahora será completamente distinto. Francisco puede dar la sorpresa, no tiene pelos en la lengua y viene con ganas de decir muchas cosas”, explica la profesora del Colegio de México Soledad Loaeza.
La expectativa ante esta séptima visita papal es inmensa. Cada lado del tablero espera un gesto del pontífice a su favor. Incluso el Gobierno. Aunque cualquier crítica papal se identificará inmediatamente con un varapalo al Ejecutivo, algunos expertos consideran que su sola llegada ya es un triunfo para el presidente Enrique Peña Nieto. “El Gobierno da por descontadas las críticas. Para ellos el mejor escenario es que venga, y eso es un éxito que se van a atribuir”, indica Alejandro Díez, profesor de gobierno del Instituto Tecnológico de Monterrey.
Pero el éxito, igual que el fracaso, es un arma de doble filo. Las esperanzas puestas en este viaje pueden jugar en contra del papa. “Las expectativas son muy altas. Esperamos que se reúna con los padres de los desaparecidos, que reciba a las víctimas de la pederastia, que se pronuncie en torno a la migración, a los derechos humanos… Cabe el riesgo de desencanto en algunos sectores, porque Francisco hablará en términos generales y habrá que leerle entre líneas y saber tomarlo como un estímulo”, señala el padre jesuita David Fernández, rector de la prestigiosa Universidad Iberoamericana.