El Parque Porras fue inaugurado en 1915 en Las Tablas como un regalo del tres veces presidente doctor Belisario Porras, a su pueblo natal. Por décadas, el parque mantenía una exquisita variedad de árboles, plantas y una alfombra de grama verde a tono con su quiosco de madera que posteriormente se cambió, tristemente, por el paraguas de concreto. El parque era sitio de reunión obligado para analizar temas, citarse los enamorados y pasear. Con el pasar de los años, muchísimos locales y visitantes podían extasiarse con los perezosos que desde las cúpulas de los frondosos higos se alimentaban de sus hojas y daban una demostración de lenta, pero singular destreza en las ramas con el uso de sus garras. Confieso que no les recuerdo, pero personas de mayor edad me han confirmado esta información. El tiempo fue pasando y la grama se convirtió en cemento, los árboles fueron cayendo uno a uno y los pocos que quedaban fueron talados en varios intentos de remodelación, de muy bajos presupuestos. Por supuesto, los perezosos huyeron o murieron, ya que hoy solo viven en la memoria de algunos que pudieron contemplarles.
En periodos recientes los perezosos del parque son otros. Las especies políticas, de varios cargos, periodos y partidos, se han apoderado del sitio descolorido y desdentado y se alimentan del alquiler y venta de espacios para convertir el parque en mercado, baratillo, letrina, urinal aéreo carnestolendo, cantina, tarima, origen de descomunal ruido emanado de los descomunales y poco saludables equipos de sonido, centro para el disparo de fuegos artificiales y asiento de excremento de palomas, libres como el viento, pero sin dueño conocido. A todo esto, hay que sumar la concesión de calles y avenidas, hasta por semanas, en los alrededores del parque, que dificultan aún más la vida en el poblado, especialmente en periodos de fiesta y la prolongada temporada por el Carnaval.
Los parroquianos de Santa Librada nos vemos constantemente afectados para el uso del Templo Colonial, sin embargo, el actual sistema utilitario y desmontable y sus garras amparadas en el oportunismo económico y el pseudofolclorismo nos obligan a mantenernos en alerta y confesados porque falta mucho por sufrir, mucho humo y malos olores que aspirar y ruido por escuchar. Ante las inminentes elecciones generales sería bueno que los aspirantes elegidos puedan corregir estas situaciones. Amén.
El autor es médico salubrista
