En nueve meses Panamá elegirá en las urnas a los administradores del Estado y planificadores del desarrollo por los próximos cinco años; como los principios democráticos lo establecen, la elección se da entre los postulados por partidos políticos y los ciudadanos que aspiran llegar a un cargo por libre postulación.
Al oír la palabra “libre postulación” nos viene a la mente la independencia política, aunque no necesariamente es así, la ley ni siquiera exige a candidatos de libre postulación haber renunciado al partido al que pertenezcan. Por eso hemos visto a muchos políticos anunciar candidaturas “independientes”, ya sea por no conseguir la postulación del partido o por estrategia, lo que parece ser legal.
Pero en medio de todo el escenario planteado quedan aquellos ciudadanos que sin verse identificados con alguna filosofía política tienen la vocación, la formación y la capacidad de desempeñar algún puesto público y que no pueden optar por una candidatura independiente porque esta ha sido acaparada por los políticos con su estructura económica y humana, pero sobre todo económica.
Aquí surge la pregunta, ¿qué tan independientes son? Algunos de independientes solo tienen la falta de respaldo oficial de un partido y otros utilizan sus fuertes estructuras para convertir la libre postulación en un partido más. Por ejemplo, los casos de elección de diputados en circuitos con más de una curul, un candidato con poder y dinero puede formar un “grupo de candidatos” y llevarse las postulaciones del circuito y al final, en mayo, los otros se alinean a apoyar a uno solo. Esto no es independencia, se permite y está pasando actualmente.
Ciertamente, los políticos harán lo que la ley les permita. El problema es si la gente permite que los políticos hagan con su conciencia lo mismo que hacen con la ley.
El autor es CEO y director de Estratégicamente.
