En 2023, el 7 de octubre se añadió involuntariamente al denso calendario de catástrofes del pueblo judío. En ese sábado sagrado, Hamás atacó comunidades israelíes, asesinando a más de 1,200 personas y secuestrando a unas 250. Otra trágica conmemoración es el 27 de enero, Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, establecido por las Naciones Unidas en 2005, sesenta años después de la liberación de Auschwitz. ¿Por qué tomó tanto tiempo reconocer internacionalmente el genocidio nazi de unos seis millones de judíos europeos?
Comencemos con una reseña histórica. El pueblo judío arraigó en el Medio Oriente hace unos 3,000 años. Su magnum opus, el Pentateuco, se encuentra entre los textos religiosos más antiguos y estudiados por la civilización occidental. El judaísmo revolucionó la cultura de su época al promover los Diez Mandamientos, la compasión, la sabiduría y la cooperación, con enseñanzas como “ama a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18).
Así nació el monoteísmo, una concepción de Dios como autoridad única que durante siglos ha buscado combatir la naturaleza humana negativa, desde el irrespeto hasta la mentira y el engaño. Esta religión también formó las bases del Cristianismo y el Islam, cuyos creyentes representan hoy a más de la mitad de la humanidad.
Aun así, 3,000 años son apenas un grano de arena en el desierto de la evolución humana, la cual, dadas las circunstancias adecuadas, continúa siendo violenta, ignorante, arrogante y autodestructiva. Desde que existen sociedades y sus desafíos, líderes mediocres han buscado una excusa, una explicación o, aún mejor, un culpable. Una derrota, una recesión, una sequía o cualquier fracaso rara vez se atribuye a la propia incompetencia o a circunstancias impredecibles.
¿Cómo perdió Alemania la Primera Guerra Mundial de forma tan humillante? Su respuesta: culpemos a los judíos y comencemos otra. Genial. La primera regla de Dictadores para Dummies es que nada unifica más que un enemigo común, aun si este contribuyó durante siglos a la prosperidad de su sociedad.
En la Europa del siglo XIX, los judíos alcanzaron en algunos lugares una posición social y económica relativamente elevada, aunque esto coexistió con discriminación y persecución. ¿Será posible que parte del combustible antisemita sea la envidia ante su éxito? Pero en América inmigrantes judíos pobres también alcanzaron una notable prosperidad sin ser perseguidos. ¿Cuál es la diferencia?
Actualmente, una parte importante del antisemitismo contemporáneo está vinculada a movimientos islamistas radicales, incluido el régimen iraní y grupos que cuentan con su apoyo. Al igual que la Alemania nazi, la revolución islamista de 1979 necesitaba un enemigo común que ayudara a unir a una sociedad persa frustrada por décadas de problemas políticos y sociales. El régimen iraní ha invertido enormes recursos para promover una narrativa hostil hacia Israel y los judíos, mientras las redes sociales facilitan su propagación entre personas que desconocen sus raíces históricas y buscan una “causa” para apaciguar la culpa por su privilegiada existencia.
A pesar de los incalculables aportes del pueblo judío a la humanidad y de la existencia de Israel como su único refugio, los extremistas continúan utilizando a Israel y a los judíos como chivos expiatorios en sus propios conflictos internos, ya sea en Irán, Yemen o Líbano.
Los palestinos se merecen una vida digna con seguridad, pero son incapaces de evitar que el extremismo islamista los utilice como peones. La sociedad occidental está siendo invadida por una retórica antisemita, ignorando cómo se usa a la ciudadanía de Gaza como escudo humano, confundiendo el papel de los terroristas patrocinados por Irán. ¿Escuchó usted las historias de las familias Siman Tov, Kutz, Zohar, Even, Hezroni, Sharabi o Bibas, entre otras?
Además, una extrema hipocresía ignora las atrocidades en otras partes del mundo. Las guerras en Siria, Sudán, Haití, Congo y Ucrania han producido millones de desplazados y cientos de miles de víctimas. ¿Cómo es que los estudiantes universitarios no salen a protestar contra todas estas injusticias? ¿Cómo ningún rapero de segunda compone una canción sobre la liberación de Ucrania? ¿Cómo los grandes medios internacionales no dedican más atención a estos conflictos? La respuesta se refleja en la triste frase en inglés: “no Jews, no news”.
La lucha contra el antisemitismo requiere que voces sensatas sancionen con claridad el terrorismo y la persecución religiosa y étnica. Como declararon el activista Martin Luther King Jr.: “La tragedia definitiva no es la opresión y la crueldad de la mala gente, sino el silencio sobre eso de la buena gente” y el sobreviviente del Holocausto Elie Wiesel: “La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima. El silencio alienta al opresor, nunca al oprimido”.
El autor es panameño-Israelí con décadas analizando la política interna israelí y del Medio Oriente, incluyendo el judaísmo israelí y en la diáspora.


