En 1870 surgió la posibilidad de que un pariente del rey de Prusia se convirtiera en rey de España. La Francia de Napoleón III percibió en ello una amenaza de Prusia, tanto por el norte como por el sur.
El asunto de España se descartó, pero Bismarck, canciller alemán, manipuló a los franceses, quienes declararon la guerra de todos modos. Acabaron perdiendo. Francia fue despojada de Alsacia y de parte de Lorena y tuvo que pagar indemnizaciones millonarias.
Luego del triunfo, todos los estados germanos que apoyaron a Prusia declararon la unificación bajo el mando del rey de Prusia y surgió, en 1871, la Alemania actual.
En 1914, Alemania ataca a Francia en el marco de la Primera Guerra Mundial. La horrible guerra de trincheras se dio principalmente en territorio francés.
Alemania, en la práctica, pierde y firma un armisticio. Sin embargo, el precio en vidas y en daños materiales pagado por Francia fue superior, en proporción a la población.
Plenamente consciente del origen de su principal amenaza, Francia construye, desde 1929 y durante 11 años, un impresionante complejo de fortificaciones en la frontera con Alemania, llamado la Línea Maginot, con el objeto de frenar una posible nueva invasión alemana.
La línea de defensa costó aproximadamente 6,000 millones de dólares actuales. No sirvió de nada. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1940, la invasión llegó. El ejército de la Alemania nazi, usando nuevas técnicas de guerra, cruza la frontera, toma París y toda Francia es invadida, directamente o a través del gobierno títere de Vichy.
Cuando concluye la Segunda Guerra Mundial, el militarismo alemán había sido un elemento desestabilizador de Europa, sobre todo en perjuicio de Francia, en tres graves ocasiones en el transcurso de 75 años.
Las potencias occidentales triunfantes sobre la Alemania nazi tenían claro este panorama histórico. De la misma manera, desde el inicio de la posguerra y gracias a la advertencia temprana de George Kennan, se supo que comenzaba una nueva guerra fría contra la Unión Soviética de Stalin.
También desde el inicio de la posguerra, la ocupación de Alemania, principalmente por parte de Estados Unidos, fue una forma de impedir el resurgimiento del militarismo alemán cuya saga hemos repasado.
Cuando se funda la OTAN en 1950, se tiene en mente tanto el control sobre Alemania como la defensa de Occidente frente a la Unión Soviética.
Alemania Occidental no solo quedaba ocupada, sino desnuclearizada, y tenía derecho a un ejército convencional solamente bajo el mando de la OTAN. De esa manera se calmaron los temores del resto de Europa frente a Alemania, lo cual favoreció la cohesión europea.
En esa ecuación, la presencia militar de Estados Unidos en Europa también buscaba proteger a Estados Unidos, porque Europa y el océano Atlántico constituyen una barrera espacial muy importante para detener o retrasar algunas de las amenazas militares más importantes contra Estados Unidos, provenientes, en esa época, de la Unión Soviética.
El historiador británico David Raynolds mencionó una vez un chiste que circulaba en Europa en la época de creación de la OTAN y que resume todo: “El papel de la OTAN —se decía— fue mantener a los rusos fuera, a los americanos dentro y a los alemanes abajo”.
Después de la caída del muro de Berlín y de la Unión Soviética, la Alemania unida siguió jugando el papel estratégico para Occidente que ya se ha descrito.
Ello se mantiene luego del ascenso del actual régimen ruso, que desde hace un par de décadas retomó la agenda imperial contra Europa Occidental, lo cual se hizo más evidente con el inicio de la guerra de agresión contra Ucrania.
Pese a todos los cambios del siglo XXI, no existe ninguna evidencia confiable de que Rusia haya dejado de ser una amenaza para Estados Unidos.
Por lo tanto, la presencia militar de Estados Unidos en Alemania y en Europa sigue teniendo plena justificación desde el punto de vista de los intereses de Estados Unidos.
Ahora Alemania se está rearmando. Para 2027 gastará 110 billones de euros en defensa, alrededor del 20% del presupuesto. Para 2030 se habla de 184 billones de euros. Las amenazas de Rusia y el posible abandono de Estados Unidos están creando este escenario.
En principio, el rearme alemán no debiera preocupar. Pero quizás a Estados Unidos le convenía más mantener a una Alemania con menor capacidad militar. Además, ello ayudaría a mantener la cohesión europea, sobre todo ante el ascenso del neofascismo en la política alemana.
En todo caso, si leemos el presente usando como referencia la historia, resulta totalmente falso que la presencia militar de Estados Unidos en Alemania y en Europa solamente sirva para hacerle el favor a Alemania de defenderla. Hay mucho más involucrado.
Si partimos de la premisa de que la amenaza rusa a Estados Unidos se mantiene vigente, también sigue teniendo utilidad para Estados Unidos mantener presencia militar en Alemania, dentro de una Europa cohesionada y aliada, sin temor interno al rearme alemán.
Debilitar el equilibrio interno europeo y debilitar a la OTAN debilita a Estados Unidos frente a Rusia.
Lo contrario es ignorar el peso que tiene la historia, una de las fuentes de conocimiento esenciales para entender el presente, porque, aunque no todo el presente se explica históricamente, es imposible entenderlo al margen de la historia.
El autor es abogado.



