LITERATURA

El premio Ricardo Miró y las mujeres

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Felicidades a los ganadores del premio Ricardo Miró 2017. Este galardón mantiene su reputación como el premio literario más importante de los círculos académicos y culturales panameños. Esto es gracias, en parte, a que los funcionarios del Instituto Nacional de Cultura (INAC) tratan de mantener altos estándares en el proceso de selección. Esto asegura que los nombres y géneros de los concursantes no sean conocidos por el jurado hasta el día del anuncio de los ganadores. El premio viene con un cheque de B/.15 mil para cada ganador, la publicación del libro y un monto discrecional para el montaje del estreno de la obra ganadora en la sección teatro. Esperemos que con la Casa del Escritor, un avance de la nueva directora de Publicaciones del INAC, el Miró logre que sus ganadores se acerquen más a su público. Mi experiencia luego de recibir este premio en cuatro ocasiones es que muy pocos de los autores Miró son leídos o reconocidos como escritores relevantes por los ciudadanos.

Una de las causas de esta irrelevancia es la falta de representatividad de los ganadores del Miró. De una muestra de 239 premios Miró desde su inicio, solo el 18% ha sido otorgado a mujeres. Para evitar dudas, el 82% de los premios en la muestra ha sido otorgado a hombres. Este año, todos los ganadores del Miró fueron hombres. Y ni hablemos de la falta de escritores de grupos originarios o de escritores que abiertamente viven su orientación sexual. Tenemos ganadores del Miró escribiendo sobre sus experiencias como heterosexuales cuando son homosexuales. Y no lo hacen por lo de que “todo lo humano les es relevante”. Escriben desde el heterocentrismo porque saben que el armario los protege de un mundo académico altamente homofóbico. Esto en nada demerita la calidad literaria ni el trabajo de los ganadores. Pero sí nos muestra que el Miró es un agridulce reflejo de nuestra sociedad.

Para ilustrar el dilema, voces literarias marginadas me han dicho que mis obras sobre orientación sexual limitan el impacto de mi labor como escritor. Algunas amigas opinan que las mujeres que no consiguen sus metas como escritoras tienen otras prioridades, como hacerle el desayuno al hijo, plancharle la camisa al esposo y llevar a la cita médica a la abuela. Pero estas no son prioridades, sino imposiciones del sistema en el que vivimos.

En una encuesta reciente del Instituto de Estadística y Censo, 36 mil 673 encuestados revelaron que no piensan buscar trabajo en los próximos meses porque no encuentran quien les cuide a los hijos. De los encuestados que ofrecieron esta respuesta, todas son mujeres.

Yo creo en el impacto positivo de plataformas para incentivar voces marginadas. Necesitamos concursos que tengan los mismos estándares que el premio Ricardo Miró, pero que sean exclusivos para, por ejemplo, mujeres. Y superando al premio Miró, los ganadores de este premio deberían comprometerse a ser los escritores de los ciudadanos por todo un año, compartiendo sus textos, dando charlas y talleres a hombres y mujeres de todo el país. La representatividad en el espacio público popular, no solo son charlas en la Biblioteca Nacional y entrevistas en CNN, es uno de los primeros pasos para incrementar el acceso, diversidad, participación y cocreación cultural.

El autor es economista y escritor

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