Se espera que la Cumbre Iberoamericana que se celebra en Veracruz (México) alumbre uno de los proyectos de mayor calado para el futuro de los países que forman parte de esta comunidad: una alianza por la movilidad del talento.
Se trata de un ambicioso plan para el intercambio de alumnos, profesores e investigadores entre las universidades del espacio iberoamericano.
El propósito es facilitar que unos 200 mil docentes y estudiantes realicen en los próximos cinco años estancias de entre cuatro y seis meses en universidades de otros países.
La iniciativa no puede ser más acertada. La circulación del talento es un poderoso incentivo para el progreso académico y un estímulo para la excelencia educativa. Es también oportuna, dada la difícil coyuntura económica que se prevé para los próximos años.
Tras un largo periodo de crecimiento del producto interno bruto por encima del 5%, los países latinoamericanos afrontan ahora una desaceleración que está resultando más brusca de lo esperado.
En una región donde el 25% de la población tiene entre 15 y 29 años, esa situación debe ser enfrentada con innovación y con más y mejor educación.
En los años de bonanza económica ha disminuido la pobreza y ha mejorado –aunque queda mucho por hacer– el nivel educativo de la población.
En estos momentos hay más de 20 millones de jóvenes universitarios, y dos de cada tres son los primeros de su familia en acceder a la universidad. Este elevador social y productivo debe protegerse con presupuestos suficientes para la enseñanza y las universidades. Este es el gran reto educativo.
El otro es reducir el elevado grado de desigualdad que todavía persiste y lograr una mayor homogeneidad académica. Del mismo modo que Europa ha aplicado políticas destinadas a garantizar determinados niveles de calidad, sería muy deseable que Latinoamérica caminara hacia una mayor convergencia universitaria.
Por último, y no menos importante, el intercambio universitario es un excelente instrumento –como se ha demostrado en Europa con el programa Erasmus– de refuerzo de la competencia global que estimula otras convergencias, igual que el estrechamiento de lazos entre universidades y empresas.
El éxito del plan dependerá, sin embargo, de que los países reunidos en Veracruz sepan encontrar medios de financiación adecuados. Esa será la prueba clave del éxito de esta importante decisión.