“La historia, y el pueblo, tomaron la decisión correcta al elegir al Partido Comunista de China para que les lidere en el gran rejuvenecimiento de la civilización china, y hay que continuar adhiriéndose a esa decisión en el futuro, sin vacilar”, insistió Xi Jinping en la ceremonia oficial de conmemoración del 95º aniversario del Partido, el viernes.
Cuando estos festejos celebran un aniversario “redondo”, que complete un lustro o una década, adquieren una importancia especial. Preceden en un año a los congresos del partido, las reuniones quinquenales en las que se renueva a los principales cargos del régimen. Y se ha convertido en una tradición de la época postmaoísta que el discurso que el mandatario pronuncia en esos aniversarios adelante cuáles serán las prioridades políticas de los congresos.
Xi, el líder chino que ha acumulado más poder desde los tiempos de Mao Zedong, y que ha caracterizado su mandato por un creciente control de la sociedad civil y del ciberespacio, lanzó una defensa de la ortodoxia ideológica a lo largo de una hora y media de discurso, transmitido por la televisión oficial china. Una ortodoxia en la que ha insistido a medida que el crecimiento económico –la gran baza del partido para justificar su legitimidad en los últimos 30 años– se ha ido reduciendo. En las universidades se reclama que no se difundan “valores occidentales” en las aulas, los miembros del partido deberán demostrar en pruebas, tipo test, su conocimiento de la teoría política comunista, y los funcionarios y militantes exhibir una “lealtad inquebrantable” al sistema. En el caso de los medios, ha sugerido el presidente, su misión es “amar y proteger el partido”.
El marxismo (eso sí, con características chinas) debe ser “el principio básico y fundamental que nos guíe”. De otro modo, dijo, “perderá su espíritu y su dirección”. Y si algunos funcionarios esperaban que la amplia campaña anticorrupción dentro del partido fuera a perder impulso a medida que se acercase el congreso de 2017, se decepcionarán. La corrupción es la principal amenaza al apoyo popular y a la integridad del partido, subrayó Xi, por lo que continuará“la purificación exhaustiva del ecosistema político”.
El Partido Comunista Chino (PCCh) es la formación política con mayor número de miembros del mundo: 88 millones de personas –el equivalente a toda la población de Francia y Australia juntas. Pero entre los jóvenes que se adhieren cada año, quienes lo hacen por convicción ideológica son minoría. Muchos consideran la tarjeta de miembro como una vía de promoción social y laboral. Según las cifras facilitadas por su Departamento de Organización, el año pasado el aumento de militantes fue el menor en 38 años, el 1.1%.
Si la campaña contra la corrupción tiene en parte como misión tratar de recuperar la confianza de los ciudadanos –un estudio del Centro Pew situaba el año pasado la corrupción como una de las grandes preocupaciones de los chinos, junto a la contaminación y la desigualdad–, también ha buscado neutralizar a posibles adversarios, como el exjefe de los servicios de seguridad chinos Zhou Yongkang o el exministro de Comercio Bo Xilai. Es un movimiento de especial importancia ante el congreso del año próximo, cuando en principio dejarán el cargo cinco de los siete miembros del principal órgano de mando del Partido, el Comité Permanente.