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LOS ANTIVACUNAS

Uno de los principales retos en salud para 2019

Hace pocos días, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un listado de tópicos que abordará en 2019 para mejorar la salud a nivel mundial, que incluye brotes de enfermedades infecciosas prevenibles por vacunas, infecciones por bacterias resistentes a los antibióticos comunes y aumento notable de enfermedades no transmisibles como diabetes, cáncer, cardiopatías y problemas de salud mental, entre otros.

Uno de los aspectos que más me preocupan, como mamá y pediatra, es el aumento de casos de enfermedades prevenibles por vacunas.

Desde mi punto de vista, los principales culpables de esta situación son quienes se niegan a vacunar a sus hijos, a pesar de tenerlas disponibles.

Según afirma la OMS, esta situación amenaza con revertir los progresos realizados en la lucha contra las enfermedades prevenibles mediante vacunación, como por ejemplo el sarampión y la difteria.

La vacunación es una de las formas más costo-eficaces de evitar enfermedades: actualmente previene de 2 millones a 3 millones de muertes al año, y se podrían evitar 1.5 millones de muertes adicionales si se mejorara la cobertura mundial de las vacunas.

El problema con las vacunas es que cuesta mucho “ponerlas de moda”. Su principal beneficio es que salvan vidas, pero como llevan más de medio siglo cumpliendo su misión, se nos ha olvidado cómo era el mundo antes de que ellas existieran. Además, es verdad que hay niños que sin recibirlas no enferman, porque las personas a su alrededor (padres, abuelos, cuidadores e incluso compañeros de colegio) sí están vacunados, y ellos impiden que les llegue la enfermedad.

Y, como si fuese poco, a las vacunas les ha salido una competencia mucho más “taquillera”: lo natural, lo alternativo.

Cuando no se tienen niños o mientras ellos están sanos, imagino debe ser gratificante pertenecer al selecto grupo de los cool, los “diferentes”, que se salen del montón, que someten a sus hijos a tratamientos que solo sirven (según ellos) para enriquecer a las farmacéuticas. Comparto la opinión de Stanley Plotkin, el inventor de la vacuna contra la rubéola: “Los antivacunas no tienen base científica, les gusta sentirse especiales”.

Para mí, estar contra las vacunas es un capricho, al igual que beber leche sin pasteurizar y dar a luz un bebé en una piscina improvisada en una casa; mientras que en muchos lugares de nuestro país hay personas que quieren, pero no tienen acceso a un centro de salud para recibir las vacunas o dar a luz con todos los cuidados que la madre y el niño necesitan.

Por si a alguien le caben dudas: las vacunas son seguras (no, las vacunas no provocan autismo), eficaces y el Ministerio de Salud las brinda gratis en todo el territorio nacional. Así que solo hay una excusa para no usarlas: no disponer de ellas.

La autora es pediatra


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