Se afirma que el crecimiento económico del país será de 5% en los próximos años y que por el alud comercial de China, la sociedad panameña vivirá en el “país de las maravillas”. Pero la realidad es otra. Ese crecimiento económico nunca le llega al usuario de buses colectivos y piratas, taxis y poco a las capas medias; a aquellos que desde el siglo pasado viven en Boca la Caja, Brooklincito, Curundú, San Miguelito y urbanizaciones populares; a esos que viven entre cúmulos de basura, aguas servidas y malos olores; expuestos a enfermedades por la falta de medicamentos o atención médica debida; acechados por maleantes, sicarios y carteristas; con tranques en las calles por los huecos, inundaciones o las protestas que piden agua potable o escuelas dignas. Tampoco le llega al sistema escolar, al campesino que se transporta por caminos de tierra y le rinde honor a la patria con el lodo hasta la rodilla. Su crecimiento está en su calvario.
El “pro mundi beneficio” llegó a China, y como otras delegaciones viajeras, la de este año trajo su legajo de acuerdos. Pero de esas montañas de papeles ¿cuántos han contribuido, por lo menos, a paliar ese vía crucis del pueblo panameño? De esos acuerdos solo los que producen riquezas para los capitalistas, se cumplen. Los demás (referentes al sector agrícola o la educación, saneamiento de la bahía, eliminación de las letrinas y malos olores ambientales, construcción de escuelas, acueductos y caminos de penetración, servicios públicos y otros) se les estampan las siglas del MOP (mañana o pasado).
En esos convenios con China nada indica que la ministra de Educación se encontraba invitada, ni el rector de la Universidad de Panamá o Tecnológica, menos campesinos, pueblos originarios ni agricultores. Tampoco el MIDA, INAC o Ifarhu. Sí se evidencia la influencia de la burguesía tradicional importadora y sus colaterales explotadores de servicios, que contarán con mayores facilidades portuarias para la importación de bienes y tráfico de personas (turismo), que, para el panameño de a pie, deviene en un mayor encarecimiento de la canasta básica de alimentos, servicios y prestaciones sociales, que el pronosticado. (V. La Prensa, 11 y 12/Nov./17).
Si bien a los panameños les toca resolver sus propios problemas, a ninguno de esa delegación le interesó saber cómo China resolvió y superó esa similar problemática a la del panameño. No les interesó porque: China resolvió y superó esas vicisitudes con otra mentalidad, filosofía e ideología que ningún integrante de la delegación panameña comulga ni simpatiza; su condición de clase social es antagónica; la debilidad política/ideológica de Varela para lograr una agenda algo nacionalista; porque la solución a esos problemas no le produce dinero; y, la ley china fusila a los corruptos y castiga severamente al ladrón. Esos elementos esenciales que China supo y ha sabido conjugar le han permitido ser una potencia económica mundial.
Así, la sociedad panameña, el pueblo, no puede hacerse ilusiones con estos acuerdos, porque no encontrará soluciones a su calvario.
El autor es abogado
